Evangelio y Comentario de hoy Jueves 21 de Agosto 2014

Autor: Misael Cisneros | Fuente: Catholic.net
Parábola del banquete nupcial
Mateo 22, 1-14. Tiempo Ordinario. Todos estamos invitados a participar del gran banquete que celebrará en el cielo.

Parábola del banquete nupcial
Del santo Evangelio según san Mateo 22, 1-14

Tomando Jesús de nuevo la palabra les habló en parábolas, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía otros siervos, con este encargo: Decid a los invitados: "Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda." Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad. Entonces dice a sus siervos: "La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda." Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. «Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?" El se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: "Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos».

Oración introductoria

Dios mío, me invitas, me llamas incansablemente a tener un encuentro misterioso en el amor. Tu iniciativa me conmueve. Ayúdame a elevar mi corazón hacia Ti para saber corresponder a tanto amor, participando dignamente en este banquete de la oración.

Petición

Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío.

Meditación del Papa Francisco

La actitud que el cristiano debe tener se encuentra en la parábola de las bodas del hijo del rey. A nosotros nos viene la idea: "pero, padre, ¿cómo es posible? Se han encontrado en los cruces de las calles y se les pide que vayan con vestido de fiesta. Esto no funciona...’" ¿Qué significa esto? ¡Es muy simple! Dios solamente nos pide una cosa para entrar en esta fiesta: la totalidad. El esposo es el más importante, ¡el esposo llena todo!
Jesús es la cabeza del Cuerpo de la Iglesia; Él es principio. Y Dios le ha dado a Él la plenitud, la totalidad, porque en Él se reconcilian todas las cosas.
Si la primera actitud es la fiesta, la segunda es reconocerle a Él como el Único. No se pueden servir a dos patrones: o se sirve a Dios o se sirve al mundo. (Cf. S.S. Francisco, 6 de septiembre de 2013, homilía en Santa Marta)

Reflexión

Podría sonar demasiado extraño este evangelio porque, ¿cómo es posible que alguien rechace la invitación a una boda donde habrá vino, música y buen ambiente? Al menos hoy día son pocos los que rechazarían esta oferta tan especial. Pero es claro que esta parábola Cristo nos la dibujó así para que comprendiésemos que todos estamos invitados a participar del gran banquete que celebrará en el cielo.

Sólo nos hace falta cumplir un requisito que el evangelio lo pone como algo externo pero que en realidad en las bodas se le da demasiada importancia y es el vestido. Es necesario e indispensable entrar con el ajuar apropiado al gran banquete que Cristo nos invitará, este ajuar es la vida de gracia. Por eso expulsaron de la boda al hombre que no llevaba el traje apropiado, porque no estaba en vida de gracia. Y la gracia, como la llama santo Tomás de Aquino, es "nitior animae" es decir, esplendor del alma, presencia de Dios en nuestra alma.

Es claro que Jesús no puede habitar en un lugar en donde no tiene amigos, y tampoco nosotros nos deberíamos atrever a presentarnos a la boda que Él organiza cuando no le tenemos por amigo. Esto es la vida de gracia, conservar su amistad y por tanto rechazar enérgicamente todo lo que pudiese ofenderle: revistas indecentes, películas deshonestas, compañías perjudiciales, ofensas a nuestros padres o hermanos, críticas etc.

Es difícil conservar esta amistad con Cristo, pero si realmente lo tenemos por amigo no nos atreveremos a ofenderle, sino que al contrario nos esforzaremos por ser cada día mejores amigos de Él.

Propósito

Ser sincero con todos y en todo, fortaleciendo esta actitud en el sacramento de la reconciliación.

Diálogo con Cristo

Jesús, el vestido de bodas que necesito es el del amor. Cuántas veces doy más importancia a mi propia satisfacción en vez de centrar mi atención y esfuerzo en alcanzar la verdadera comunión contigo. Con la intercesión de María, ayúdame a valorar tu invitación a la santidad, optando siempre por la virtud en vez del pecado, amando desinteresadamente en vez de buscar mi propia conveniencia, siendo humilde en vez de orgulloso


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Jueves de la semana 20 del tiempo ordinario

Para el banquete de Dios no tenemos tiempo

“El Reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda”. Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras…” (Mt 22,1-14)
Dios es invitación.
Dios es fiesta.
Dios es boda.
Dios es banquete.

Nosotros no nos perdemos una invitación por nada.
Nosotros no nos perdemos una boda, ni por casualidad.
Y hasta nos ponemos todos de estreno, o al menos, sacamos lo mejor del ropero.
Nosotros no nos perdemos un banquete, aunque tengamos que cambiar de planes.

Pero cuando las invitaciones nos vienen de Dios, todos estamos ocupados.
Pero cuando la boda es de Dios, todos tenemos muchas cosas que hacer.
Pero cuando el banquete es el de Dios, no tenemos tiempo.

Dios no invita a velorios.
Dios no invita a cosas tristes.
Dios invita siempre a la fiesta, donde abunda todo: reses cebadas, terneros, y eso que no habla de los vinos.

¿Por qué será que las fiestas de Dios no nos van?
¿Por qué será que las fiestas de Dios encuentran tanta indiferencia?
¿Por qué será que las fiestas de Dios tienen tan poco atractivo que nuestros negocios suelen ser siempre más urgentes?

¿Quedarán vacías las fiestas y las bodas de Dios?
De ninguna manera:
Mientras los invitados que tienen preferencia se niegan, siempre quedan otros dispuestos a aceptar la invitación.
Los que estamos acostumbrados a tenerlo todo, hemos perdido el gusto por los banquetes de Dios.
Pero ahí andan por los caminos de la vida, aquellos a quienes nadie invita.
Por ahí andan por los caminos de la vida, los que, tal vez, nunca han visto un banquete más que en el escaparate.
Por ahí andan por los caminos de la vida, aquellos con los que nadie cuenta.

Y Dios que no puede ver el fracaso de la boda de su Hijo:
Envía a los cruces de los caminos.
Invita a malos y buenos.
Invita a pobres y desvalidos.
Invita a los que nadie invita.
Y son estos, los que no tienen negocios que les llene su tiempo, los que acuden.
Y se llena la sala y hay banquete, y hay boda y hay la fiesta de Dios con los pobres.

Cada día, todos tenemos una invitación de Dios a vivir la boda de su Hijo.
Cada día, todos estamos llamados a vivir la fiesta de Dios con los hombres.
Cada día, todos estamos llamados a disfrutar de la boda de Dios.
Es posible que a muchos nos encuentre ocupados en nuestras cosas.
Cada uno verá qué cosas le impiden responder a su invitación.
Es posible que muchos tengamos tiempo para todo, menos para sentarnos a comer en la mesa de Dios.
Me da pena cuando alguien me dice: “Padre, llevo mucho meses o años que no vengo a misa, porque no tengo tiempo”.
¿Me podías dar otra razón, porque esa ya está demasiado gastada?

No responder a las llamadas e invitaciones de Dios:
Es perder las oportunidades de Dios en nosotros.
Es perder las oportunidades de que Dios pueda hacer algo importante en nosotros.
Es perder el sentido festivo de nuestra fe.
Es perder el sentido nupcial de nuestra vida cristiana.
Es perder el sentido gozoso de nuestro bautismo.

Entre tantos quehaceres ¿no tendremos un tiempo para disfrutar de Dios?
Entre tantas cosas que tenemos que hacer, ¿no tendremos un tiempo para sentarnos con Dios disfrutando de sus reses y terneros?
El lugar que tú dejas vacío, es posible lo ocupe alguien a quien tú no valoras.
El lugar que tú dejas vacío, es posible que lo ocupe alguien a quien tú no crees digno.
El lugar que tú dejas vacío, es posible que lo ocupe un pobre que nunca llenó su estómago.

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