Autor: P. Clementre González | Fuente: Catholic.netParábola de los trabajadores de la viña
Mateo 20, 1-16. Tiempo Ordinario. Cristo necesita tus manos, tu inteligencia, tu servicio, para hacer algo por los demás.
Parábola de los trabajadores de la viña
Del santo Evangelio según san Mateo 20, 1-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: Nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a mi viña. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. Él replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.
Oración introductoria
Señor Jesús, Tú sabes que es lo que más me conviene. Cuenta conmigo, llámame, a la hora que quieras, para trabajar en tu viña. Tú eres fiel a tu Palabra y estás más interesado que yo en mi bien espiritual, por eso confío plenamente en Ti. Quiero escuchar tu voz. Habla, Señor, estoy a la escucha.
Petición
Señor, quiero trabajar por Ti, quiero desgastarme por Ti, quiero poner todo lo que soy a tu servicio. Ilumíname para saber cómo y dónde servirte.
Meditación del Papa Francisco
La Iglesia no es sólo para las personas buenas. ¿Queremos decir quién pertenece a la Iglesia, a esta fiesta? Los pecadores, todos nosotros, pecadores, hemos sido invitados. ¿Y aquí qué hacemos? Se hace una comunidad, que tiene dones diferentes: uno tiene el don de la profecía, el otro el ministerio, aquí un profesor… Todos tienen una cualidad, una virtud. Pero la fiesta se hace llevando lo que tengo en común con todos… En la fiesta se participa, se participa totalmente. No se puede entender la existencia cristiana sin esta participación. Es una participación de todos nosotros. "Voy a la fiesta, pero me detengo sólo en la primera sala de estar, porque tengo que estar sólo con tres o cuatro que conozco y los demás..." ¡Esto no se puede hacer en la Iglesia! ¡O entras con todos o permaneces fuera! Tú no puedes hacer una selección: la Iglesia es para todos, empezando por los que he dicho, los más marginados. ¡Es la Iglesia de todos!. (S.S. Francisco, 5 de noviembre de 2013).
Reflexión
¿Quién dice que ya no hay trabajo? Jesucristo, en esta parábola, viene a ofrecernos uno: el trabajo por su viña, por su Iglesia. ¿Y con qué moneda nos pagará? Con la vida eterna.
Es necesario ver cuánta necesidad hay en el mundo. No sólo en las misiones; también en nuestra ciudad, en nuestra parroquia, quizás también en nuestra propia familia. Porque a unos les falta el pan y a otros el alimento espiritual, que es la palabra de Dios. ¡Qué importa la edad o los medios que tengamos! Cada uno tiene una vocación muy concreta que Dios le ha regalado, una misión insustituible. ¿Cuál es la mía? Mi primera misión es la de ser cristiano, por algo estoy bautizado. Y un cristiano lo es en la medida que da testimonio con su vida.
¿Hay otras maneras de trabajar en la viña del Señor? Desde luego: la oración, el consejo acertado, la ayuda económica, etc. Hay que echarle un poco de imaginación, y seguro que encontraremos un apostolado que nos venga a la medida. Y si no, pregúntale a tu párroco.
Cristo te necesita. Necesita tus manos, tu inteligencia, tu servicio para hacer algo por los demás. Decídete a ser un apóstol y prepárate para el premio de la vida eterna.
Oración introductoria
Señor Jesús, Tú sabes que es lo que más me conviene. Cuenta conmigo, llámame, a la hora que quieras, para trabajar en tu viña. Tú eres fiel a tu Palabra y estás más interesado que yo en mi bien espiritual, por eso confío plenamente en Ti. Quiero escuchar tu voz. Habla, Señor, estoy a la escucha.
Propósito
Renunciar a los sentimientos de descontento y saber agradecer diariamente a Dios, los talentos que me ha dado.
Diálogo con Cristo
Señor, que diferente es tu justicia a la del mundo. Mezquinamente busco la recompensa de lo que hago por el bien de los demás, olvidando que eso que creo que es extraordinario, es simplemente mi obligación. Tú eres infinitamente misericordioso y me colmas con la gratuidad de tus dones. Dame lo único que necesito, la gracia de salir de esta oración decidido a darlo todo por tu causa; a vencer el miedo, la rutina y los cálculos egoístas.
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Miércoles de la semana 20 del tiempo ordinario
Laicos sin hacer nada
“¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?” Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. El les dijo: “Id también vosotros a mi viña”. (Mt 20,1-16)
Dios no ha creado a los perezosos.Tampoco a los que se quieren pasar la vida sin hacer nada.
Dios nos ha hecho activos y dinámicos.
El primer mandato de Dios “fue que cuidásemos y trabajásemos la tierra”.
Son las estructuras sociales las que crean gente inútil.
Las que crean sentados en la plaza.
Las que no son capaces de dar trabajo a todos.
Estoy seguro de que si Jesús pasase hoy a nuestro lado encontraría más que a gente sentada en la plaza, gente buscando trabajo.
El problema de hoy es que no hay quien nos dé empleo.
El problema de hoy es que no hay quien nos de trabajo.
El problema de hoy es que nos jubilan demasiado pronto.
Menos mal que, como cristianos:
Hay trabajo para todos.
No hay tiempo para estar perezosos en la plaza.
Tampoco hay edad de jubilaciones.
Hay trabajo para todos, niños, jóvenes, gente madura y de la tercera edad.
A todos y a cada uno el Señor nos dice: “¿qué hacéis aquí sentados?”
La Iglesia no es una “Casa de reposo”.
La Iglesia es una escuela de compromiso y de acción.
E Iglesia somos todos, porque aunque la fe sea personal, la fe siempre es eclesial.
Y los intereses de Dios son compromiso de todos.
Tal vez uno de los pecados de la Iglesia haya sido:
Hacer responsables solo a los Obispos y sacerdotes.
Y no haya contado con los laicos como Pueblo de Dios.
La Iglesia ha tenido y sigue teniendo todavía demasiados cristianos sentados en la plaza.
Ha tenido y sigue teniendo demasiados cristianos que no tienen nada que hacer, porque nadie les deja hacer.
Hoy pareciera que se está despertando una nueva primavera laical, pero todavía hay demasiados fríos de invierno.
El Documente Aparecida insiste en la llamada a la “conversión pastoral”.
“Y la conversión pastoral requiere que las comunidades eclesiales sean comunidades de discípulos misioneros en torno a Jesucristo, Maestro y Pastor. De allí, nace la actitud de apertura, de diálogo y disponibilidad para promover la corresponsabilidad y participación efectiva de todos los fieles en la vida de las comunidades cristianas”. (n.368)
Y añade:
“Los laicos deben participar del discernimiento, la toma de decisiones, la planificación y la ejecución”. (n.372)
Es decir:
“Discernimiento” como principio de autorreflexión y autocrítica que desde las nuevas realidades busca nuevas respuestas.
“La planificación”, los laicos no pueden ser pasivos a la hora de tomar decisiones y organizar la acción pastoral parroquial, diocesana. Se necesitan laicos y no solo sacerdotes.
“La ejecución”, es decir el compromiso y la acción. No pueden ser espectadores sino actores evangelizadores. Los laicos no son el “brazo de la Jerarquía” que en algún tiempo se decía. Los laicos tienen sus propios brazos y sus propios pies.
Nos quejamos de que hay pocos sacerdotes para trabajar la viña del Señor, y no nos damos cuenta de la cantidad de laicos sentados en la plaza sin hacer nada y sin tener conciencia de que también ellos están llamados.
Ya es hora de que dejemos frases bonitas:
Tengamos una Iglesia menos clerical.
Tengamos una Iglesia más laical.
Tengamos una Iglesia donde todos todas las edades estamos llamados a trabajar la viña de Dios.
No como suplentes del sacerdote, sino como responsables de su propia fe y misión.
juanjauregui.es
