Evangelio y Comentario de hoy Miercoles 10 de Septiembre 2014


Autor: P. Clemente González | Fuente: Caholic.net
Las bienaventuranzas
Lucas 6, 20-26. Tiempo Ordinario. Hagámos todas estas cosas con alegría, sabiendo que la recompensa será grande en el cielo.

Las bienaventuranzas
Las bienaventuranzas
Del santo Evangelio según san Lucas 6, 20-26

En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados. Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis. Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas. Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis hartos!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que reís ahora!, porque tendréis aflicción y llanto. ¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas.

Oración introductoria
Gracias, Señor, por mostrarme el camino de las bienaventuranzas como la única vía para llegar a Ti. Éste es el sendero que los santos se han esforzado en recorrer. Ayúdame para que esta oración me dé la luz y la fuerza para ser pobre de espíritu, humilde, hambriento de justicia, misericordioso, puro de corazón y trabajador por la paz.

Petición
Señor, concédeme ser un testigo fiel, por medio de una vida sobria y sencilla. Alegre y confiado ante todo temor y mortificación.

Meditación del Papa
El corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres, tanto que hasta Él mismo "se hizo pobre". Todo el camino de nuestra redención está signado por los pobres. Esta salvación vino a nosotros a través del "sí" de una humilde muchacha de un pequeño pueblo perdido en la periferia de un gran imperio. El Salvador nació en un pesebre, entre animales, como lo hacían los hijos de los más pobres; fue presentado en el Templo junto con dos pichones, la ofrenda de quienes no podían permitirse pagar un cordero; creció en un hogar de sencillos trabajadores y trabajó con sus manos para ganarse el pan. Cuando comenzó a anunciar el Reino, lo seguían multitudes de desposeídos, y así manifestó lo que Él mismo dijo: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres". A los que estaban cargados de dolor, agobiados de pobreza, les aseguró que Dios los tenía en el centro de su corazón: "¡Felices vosotros, los pobres, porque el Reino de Dios os pertenece!"; con ellos se identificó: "Tuve hambre y me disteis de comer", y enseñó que la misericordia hacia ellos es la llave del cielo. (S.S. Francisco, exhortación apostólica Evangelii gaudium n. 197)

Reflexión
El mensaje cristiano es desconcertante. ¿Cómo dice Jesús que son más felices los pobres, los hambrientos, los que lloran y los que son odiados? ¿Acaso no es mejor ser rico, comer bien, reír y tener buena fama?
Las Bienaventuranzas nos dicen que es preferible ser pobre que apegarse a los bienes materiales. Porque sólo un corazón desprendido puede llenarse de Dios. El que tiene su corazón lleno de cosas, ¿dónde puede albergar a Dios? ¿Le quedará algún hueco para El?

Podemos inspirarnos en las Bienaventuranzas para hacernos un programa de vida para este curso que comienza. El primer objetivo será despegarse cada día, poco a poco, de algo superfluo. Para eso hay que ponerse metas: cada semana, cada mes, etc. El segundo objetivo es el del "hambre espiritual", el hambre de Dios. Vamos a cultivar nuestro espíritu con unos minutos de oración al día, con lecturas provechosas, con la cercanía a los sacramentos, procurando que en nuestra casa desaparezca el ruido y haya más silencio. El tercer propósito se refiere a los sacrificios. Hay que aprender a sobrellevarlos con elegancia, ofreciéndolos a Jesús como Él ofreció su cruz por nosotros. Y por último, tomando la cuarta Bienaventuranza, hay que lograr vivir cristianamente, con coherencia, dando testimonio aunque otros nos miren mal.

Propósito
Hagamos todas estas cosas con alegría, sabiendo que la recompensa será grande en el cielo.

Diálogo con Cristo
Pobreza, hambre, dolor, críticas… no son deseables ni fáciles de aceptar, pero Tú, Señor, me las propones como el camino a seguir. Ayúdame a buscar tu Reino y a vivir con un gran espíritu de fe y amor lo que venga por añadidura.
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Miércoles de la semana 23 del tiempo ordinario

La felicidad nace dentro

“Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: “Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora sufrís hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.” ( Lc 6,20-26)
No. Jesús no es clasista.
Ni condena a los ricos ni asegura la salvación a los pobres.
Las bienaventuranzas, que Lucas reduce a cuatro, no son para juzgar a unos y salvar a otros.
Las bienaventuranzas son ideales de vida evangélica.
Las bienaventuranzas son mentalidades evangélicas.
Las bienaventuranzas son estilos de vivir a la luz del Evangelio.
No es la pobreza material la que nos regala el reino de Dios.
Sino la pobreza como actitud y como valor evangélico.
Si la pobreza material nos regalase el Reino serían muchos los que ya lo tienen.
Se trata de vivir los valores nuevos y la mentalidad nueva del Evangelio.
Porque hay pobres con alma de ricos.
Porque hay pobres con actitudes tan egoístas como las de los ricos.
¿Puede la pobreza hacernos felices y bienaventurados?
La pobreza como tal, no.
Pero un alma pobre, sí.
Un alma desprendida, sí.
Un alma libre, sí.
Un alma que no vive apegada a las cosas, siempre vivirá libre.
Un alma que no vive apegada a las cosas, no vive pendiente de ellas.
Son las cosas las que están a su servicio y no ella al servicio de las cosas.
¿Puede alegrarnos el que los hombres nos odien?
Todos queremos ser amados.
Todos queremos ser apreciados y estimados.
Todos queremos, de alguna manera, sentir que los demás nos estimen y nos quieren.
La razón de alegrarnos no es el odio, que a nadie nos gusta.
La razón está en ¿por qué nos odian?
La verdadera felicidad está en nuestra fidelidad al Evangelio.
Por más que a muchos les moleste.
La verdadera felicidad está en ser diferentes y que nuestras vidas choquen con los demás.
La verdadera felicidad nace:
De nuestro convencimiento del Evangelio.
De nuestro convencimiento de Jesús.
De nuestra fidelidad al Evangelio.
De una fidelidad que está por encima de todos los intereses humanos.
De una felicidad que llena de tal forma nuestros corazones que, aquellos que no aceptan nuestra vida y e incluso la rechazan, nos rechazan.
Es más la alegría de la fidelidad al Evangelio que el rechazo de los hombres.
Es más la alegría de la fidelidad al Evangelio que el miedo al rechazo y a la misma muerte.
Se puede dar la vida por el Evangelio sonriendo y hasta con buen humor.
¿Recuerdan a Tomás Moro cuando le dice al verdugo que le va a cortar la cabeza?
Es tal el gozo de dar la vida por Dios, que le dice sonriente: “Señor, le ruego tenga cuidado en no estropearme la cabellera que es bien bonita”.
Es que la felicidad no viene de las cosas.
Las cosas pueden darnos pequeñas satisfacciones, pero no la felicidad.
La felicidad tiene que nacernos de dentro:
De lo que sentimos.
De lo que valoramos.
De lo que vivimos.
La felicidad no es sacar agua del pozo, sino ser manantial de agua.
La felicidad no es calentar al fuego, sino ser fuego que calienta.
La felicidad no es escuchar música, sino ser música por dentro.
La felicidad no es creer en el Evangelio, sino sentir arder el Evangelio dentro.
Por eso, las bienaventuranzas, no son algo externo, sino actitudes que llenan nuestros corazones.
¿Eres feliz o simplemente buscas el placer?
El placer dura un instante, la felicidad es una manera de ser.
juanjauregui.es