Evangelio y Comentario de hoy Martes 09 de Septiembre 2014

Autor: María Cruz | Fuente: Catholic.net
Elección de los doce
Lucas 6, 12-19. Tiempo Ordinario. El gran secreto de la vida es... sabernos amados por Dios.
 
Elección de los doce
Elección de los doce
Del santo Evangelio según san Lucas 6, 12-19

Sucedió que por aquellos días se fue Jesús al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor. Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos.

Oración Introductoria

Señor Jesús, en varias ocasiones el Evangelio hace mención que pasaste la noche en oración… y yo que batallo para hacer mi meditación de 10, 15 ó 20 minutos. Tu oración es fruto de tu amor, de tu dependencia a Dios. Ilumíname para yo pueda crecer también en mi amor y que ahora sepa disponer mi corazón para hacer la voluntad del Padre en este día.

Petición

Jesucristo, enséñame a orar. Haz que te ame a tal punto, que me sea imposible no seguirte.

Meditación del Papa Francisco

¡Sean siempre hombres y mujeres de oración! Sin la relación constante con Dios la misión se convierte en función. Pero, ¿en qué trabajas tú? ¿Eres sastre, cocinera, sacerdote, trabajas como sacerdote, trabajas como religiosa? No. No es un oficio, es otra cosa. El riesgo del activismo, de confiar demasiado en las estructuras, está siempre al acecho. Si miramos a Jesús, vemos que la víspera de cada decisión y acontecimiento importante, se recogía en oración intensa y prolongada. Cultivemos la dimensión contemplativa, incluso en la vorágine de los compromisos más urgentes y duros. Cuanto más les llame la misión a ir a las periferias existenciales, más unido ha de estar su corazón a Cristo, lleno de misericordia y de amor. ¡Aquí reside el secreto de la fecundidad pastoral, de la fecundidad de un discípulo del Señor! (S.S. Francisco, 7 de julio de 2013).

Reflexión

En nuestra sociedad donde todo se hace para usar y tirar, las cosas salen en serie, sin características propias: los mismos modelos de zapatos, el mismo estilo de vestir, las mismas comidas, el mismo diseño de construcción, las mismas expresiones de vocabulario... queremos igualarnos tanto que perdemos hasta la identidad. La sociedad nos masifica, nos despersonaliza, nos hace iguales.

Con Dios no es así; para Él cada uno es único, singular e irrepetible: Dios no hace las cosas en serie. Dios nos conoce y nos llama por nuestro propio nombre y al identificarnos nos da el ser que nos autentifica. Su amor nos crea en cada momento porque su Palabra llega directa al corazón y desde esta interpelación nos potencia y dinamiza para la misión que cada uno trae a la vida. El gran secreto de la vida es sabernos amados. Con esta certeza nuestra vida se llena de sentido, basta que Él susurre mi nombre al oído para que todo se llene de emoción. Es la confianza de sabernos amados con un único amor, grande y fuerte.


Propósito

Sabernos amados por Nuestro Padre, Dios, con un único amor, grande y fuerte.

Diálogo con Cristo

¡Oh Dios, que desde la eternidad pensaste en mí y que en un momento concreto de la historia pronunciaste mi nombre para llamarme a la vida. Gracias por el amor que me regalas cada día. Te pido tu gracia para que siempre pueda cumplir la misión que me encomiendas y así cooperar a la salvación del mundo en nombre de tu Hijo Jesucristo nuestro Señor.
 
https://www.facebook.com/snfranciscoxavier.comunidadcatolica

Dios se fija en los sencillos

Martes de la semana 23 del tiempo Ordinario
“Subió Jesús a la montaña a orar; y pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a los discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles”. (Lc 6,12-19)
Un momento clave en la vida de Jesús.
Es la hora de la elección del grupo fundamental que le acompañará y con el que fundará su Iglesia como anuncio y proclamación del Reino.
En los grandes momentos:
No podemos dejarnos llevar de criterios humanos.
Ni siquiera de valores humanos.
Ni de intereses humanos.
Es preciso poner el alma en comunión con Dios para escuchar su voluntad.
Por eso, Jesús se pasó solo toda la noche orando.
¿De qué habló con el Padre?
Lo más seguro que habló de los que el Padre elegía.

Cuándo tenemos que tomar decisiones está bien que consultemos.
Pero mejor si antes oramos a Dios.
Mejor si antes hablamos con Dios.
Mejor si antes sintonizamos nuestro corazón con el de Dios.

No sabemos cuáles fueron los criterios para la elección de los Doce.
Ciertamente fue una elección que respondía a los criterios del Evangelio.
Nosotros hubiésemos consultado.
Nosotros hubiésemos pedido el curriculum vitae de cada uno.
Nosotros, hasta es posible, que los sometiésemos a algún test psicológico.
¿No habría entre los discípulos que le seguían:
gente de más valer?
gente mejor preparada?
gente de mayor prestigio?
gente con mejor futuro?

Si vemos la elección con nuestros criterios humanos, ciertamente que diríamos que no fue la más acertada.
¿Quién sabe lo que fue de Tomás?
¿Quién sabe lo que fue de Felipe?
Y para colmo, desde un principio sabía que uno “de ellos sería el traidor”.

Dios actúa con otra mentalidad distinta a la nuestra.
Me viene a la mente aquello que dice Pablo a los de Corinto:
“¡Mirad, hermanos, quiénes habéis sido llamados!
No hay muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos ni muchos de la nobleza.
Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo, para confundir a los sabios.
Y ha escogido Dios lo débil del mundo, para confundir a lo fuerte.
Lo plebeyo y despreciable del mundo ha escogido Dios;
Lo que no es, para reducir a la nada lo que es.
Para que ninguno se gloríe en la presencia de Dios”. (1 Co 1,26-29)

A Dios le encanta jugar con lo pequeño y lo débil, porque es ahí donde mejor se pone de manifiesto su amor y su Evangelio.
¿Vales poco? Luego Dios cuenta contigo.
¿Sabes poco? Luego Dios te necesita.
¿Eres un desconocido? Luego Dios te necesita.
¿Eres un sin nombre y apellido? Luego vales para Dios.

Ahora entiendo por qué un tío mío, cuando se enteró que me había ido al Seminario, exclamó: “Si mi sobrino vale para cura, yo valgo para Obispo”.
Claro que yo sí he llegado a cura.
Pero a él nunca le cayó la mitra ni por descuido.

Gracias, Señor, porque me elegiste, cuando nadie daba nada por mí y tú te la jugaste.
Gracias, Señor, porque tenían compañeros de mucha más valía, y me elegiste a mí.

Eres maravilloso, Señor.
Eres desconcertante, pero eres formidable.
“María se sentía tu esclava, y la elegiste como madre de tu hijo”.
Yo no tenía futuro alguno, y me has elegido y privilegiado.
¡Gracias porque los pequeños somos grandes delante de ti!

juanjauregui.es