Evangelio y Comentario de hoy Viernes 08 de Agosto 2014

Autor: P . Clemente González | Fuente: Catholic.net
Seguir a Cristo
Mateo 16, 24-28. Tiempo Ordinario. Cargar la cruz que tenemos con alegría, Cristo va por delante.

Seguir a Cristo
Del santo Evangelio según san Mateo 16, 24-28

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del Hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin antes haber visto llegar al Hijo del Hombre con majestad.

Oración introductoria

Padre santo, ayúdame a buscar lo que me haga crecer en el amor, para darte gloria y servir mejor a los demás: bienes que duren y valgan para la eternidad. Y, aunque no me guste ni me atreva a buscarla, que sepa renunciar a mí mismo para tomar mi cruz y seguirte.

Petición

Señor, dame la fortaleza para tomar mi cruz y seguir los pasos de tu Hijo.

Meditación del Papa Francisco

En español existe una palabra que es muy gráfica, que lo explica bien: Él nos "primerea". Es el primero siempre. Cuando nosotros llegamos, Él ha llegado y nos espera. Cristo nuestro Señor, Rey eterno, llama a cada uno de nosotros diciéndonos: "quien quiera venir conmigo, ha de trabajar conmigo, porque siguiéndome en la pena, también me sigue en la gloria". Ser conquistado por Cristo para ofrecer a este Rey toda nuestra persona y toda nuestra fatiga; decir al Señor querer hacer todo para su mayor servicio y alabanza, imitarle en soportar también injurias, desprecio, pobreza. Dejarse conquistar por Cristo significa tender siempre hacia aquello que tenemos de frente, hacia la meta de Cristo y preguntarse con verdad y sinceridad: ¿Qué he hecho por Cristo? ¿Qué hago por Cristo? ¿Qué debo hacer por Cristo? (Cf. S.S. Francisco, 31 de julio de 2013, homilía en la capilla de Santa Marta).

Reflexión

Un sacerdote tuvo que realizar un viaje a Estados Unidos y en el avión coincidió con un empresario muy importante. Después de un rato de diálogo, el millonario le contó esta confidencia: Daría con gusto gran parte de mi dinero con tal de volver a tener la experiencia de Dios que viví hace muchos años.

La amistad con Cristo no se paga con dinero, es gratis. Por eso es tan difícil lograrla, porque no se vende en ningún establecimiento. No es una mercancía, pero es el bien más cotizado del mundo. Y por desgracia, también el más desconocido.

¿Cómo se logra esa amistad? En primer lugar, haciéndose como Cristo. Para eso hay que empezar a conocerlo; leer el Evangelio, acudir a los sacramentos, dedicar momentos diarios a la oración, etc. Es necesario "empaparse" de sus enseñanzas, que son divinas. Es entonces cuando damos un fundamento sólido a nuestra vida cristiana.

Jesús nos avisa que esa transformación en Él es costosa, como cargar con una cruz sobre los hombros. No hay que engañarse. Pero también es la manera más plena de vivir, despreocupándose de los propios intereses y tratando a los demás como Cristo lo haría. Es así como podremos experimentar su amistad y cercanía. Así "recobramos" nuestra alma para el Señor y ayudamos, con nuestro testimonio, a los otros.

Diálogo con Cristo

Es mejor si este diálogo se hace espontáneamente, de corazón a Corazón
Señor, no es fácil ser tu amigo en la cruz. La tentación a escapar o renegar de la realidad, cuando se presentan los problemas, fácilmente me domina. Gracias por esta meditación que me confirma que puedo confiar en que, con tu gracia, puedo perseverar hasta el final. No puedo esperar gozar de una eternidad gloriosa, llena de fiesta y de alegría, si no derramo, por amor a Ti y a mis hermanos, un poco de sangre, sudor y lágrimas en la tierra.

Propósito

Adoptar una actitud positiva, y no quejarme, ante las dificultades de este día para seguir a Cristo en el camino de la cruz.


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Viernes de la semana 18 del tiempo ordinario

"No tengáis miedo"

“Dijo Jesús a sus discípulos: “No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. Si uno se pone de parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo”. (Mt 16,24-28)

Pareciera lógico sentir miedo ante el peligro.
Incluso ante los peligros del cuerpo.
El miedo, en el plano de lo humano, es como una especie de defensa.
Sin embargo, Jesús una de las recomendaciones que nos da a través de sus discípulos, es “No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma”.

Jesús no está hablando de memoria.
Es consciente de que ser creyente no es una broma y que confesar la fe, con frecuencia, implica tener que afrontar el reto de muchos rechazos, sufrimientos e incluso el martirio.

No siempre será el miedo al martirio.
Puede ser el miedo y la falta de convicción ante las actitudes de la vida.
Puede ser el miedo:
A tener que renunciar a unas riquezas mal adquiridas.
A tener que renunciar a unos puestos a expensas de otros.
A tener que renunciar a un enamorado con el que no puedo vivir mi fe.
A tener que renunciar a un matrimonio con un divorciado pero casado por la Iglesia y que no tiene la declaración de nulidad de la primera unión.
A tener que renunciar a quedarnos solteros porque queremos ser fieles a nuestra fe.
A tener que renunciar a un compromiso que nos condena a la soledad, cuando nosotros sentimos que tenemos derecho a una compañía.
A tener que renunciar a una unión “irregular” que carece de la bendición de Dios.

Jesús es bien claro cuando habla de los riesgos de seguirle a Él.
Y puede hacerlo porque, al fin y al cabo, es la misma suerte que le tocó vivir a Él.
Porque su Pasión y Muerte tampoco fue una broma de mal gusto.
El fue el primero en dar cara por nosotros pasando por la Pasión y la cruz.

Algo hay en el seguimiento de Jesús:
Que despierta las pasiones de los demás.
Que despierta las violencias del corazón de los demás.
Que despierta las burlas de ser considerados “fundamentalistas” porque hemos decidido ser “radicales”.
Que despierta tanto rechazo que somos capaces de matar por causa de la fe.

Claro que solo pueden matar el cuerpo, porque ahí mismo florece el alma.
Sólo pueden matar el cuerpo, porque es en esa muerte donde el alma crece.
Solo pueden matar el cuerpo, porque es ahí donde nuestra alma se inmortaliza.

“No tengáis miedo”.
El cristiano que tiene miedo a perder algo por su fe, es un cristiano a medias.
El cristiano que tiene miedo a perder sus amistades por su fe, su fe es muy débil.
El cristiano que tiene miedo a perder su situación social por su fe, la cobardía le gana.
El cristiano que tiene miedo a perder su vida por la fe, tiene una fe lánguida.
El cristiano que tiene miedo a ser diferente al resto, es un cristiano no convencido.

Jesús es claro:
El cristiano demasiado aplaudido, no es cristiano de verdad.
El cristiano que busca el aplauso, no ha entendido su fe.
El cristiano que busca ascensos y triunfos, no vive su fe.

Según Jesús:
El cristiano, no es el que se siente fuerte en el poder.
El cristiano, no apuesta por los triunfos.
El cristiano, apuesta por no tener miedo a nada ni a nadie.
El cristiano, apuesta por entregar su vida por el Evangelio.
El cristiano, es valiente, no arrogante.
El cristiano, tiene coraje ante los riesgos, sin presumir de sí mismo.
El cristiano, encuentra la fortaleza en Dios, incluso para dejarse matar.
El cristiano es el que da cara por Jesús, incluso con el riesgo de que lo eliminen.
El cristiano es el que da la cara por el Evangelio, por más que sepa el peligro que le espera.

Esa valentía y ese coraje son su mejor garantía que tenemos delante del Padre.
Porque nuestro mejor testigo será sin duda el mismo Jesús.
Nosotros testigos de Jesús ante los hombres.
Jesús testigo nuestro delante del Padre.
El cristiano no tiene razón alguna para negar su fe y el Evangelio por nada.

¿Quién dijo que ser cristiano era fácil y era de débiles?
El que quiera puede hacer la prueba y luego que nos lo cuente.
No busquemos el camino de lo fácil que no lleva a ninguna parte.

juanjauregui.es