Autor: P Clemente González | Fuente: Catholic.netMuerte de Juan el Bautista
Mateo 14, 1-12. Tiempo Ordinario. Tenemos que estar dispuestos, por amor a Dios y a su Iglesia, a ser testigos del Evangelio.
Muerte de Juan el Bautista
Del santo Evangelio según san Mateo 14, 1-12
En aquel tiempo se enteró el tetrarca Herodes de la fama de Jesús, y dijo a sus criados: «Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas». Es que Herodes había prendido a Juan, le había encadenado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo. Porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla». Y aunque quería matarle, temió a la gente, porque le tenían por profeta. Mas llegado el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio de todos gustando tanto a Herodes, que éste le prometió bajo juramento darle lo que pidiese. Ella, instigada por su madre, «dame aquí, dijo, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista». Se entristeció el rey, pero, a causa del juramento y de los comensales, ordenó que se le diese, y envió a decapitar a Juan en la cárcel. Su cabeza fue traída en una bandeja y entregada a la muchacha, la cual se la llevó a su madre. Llegando después sus discípulos, recogieron el cadáver y lo sepultaron; y fueron a informar a Jesús.
Oración introductoria
Señor, creo que quieres tener este momento de oración conmigo, no porque a Ti te haga falta sino porque quieres acompañarme y mostrarme el camino que debo seguir hoy. El espejismo de lo que me aleja de tu verdad es muy atrayente, no permitas que me deje seducir como Herodes.
Petición
Jesús, dame la gracia de escuchar hoy claramente tu verdad.
Meditación del Papa Francisco
Herodes hizo matar a Juan para contentar a la amante Herodías y el capricho de su hija. Juan es un hombre que ha tenido un tiempo breve de vida, un tiempo breve para anunciar la Palabra de Dios. Era el hombre Dios había enviado para preparar el camino a su Hijo. Y Juan termina mal su vida, en la corte de Herodes, que se encontraba en el banquete.
Cuando está la corte es posible hacer de todo: la corrupción, los vicios, los crímenes. Las cortes favorecen estas cosas. ¿Qué hizo Juan? Primero de todo anunció al Señor. Anunció que estaba cerca el Salvador, el Señor, que estaba cerca el Reino de Dios. Y lo había hecho con fuerza. Y bautizaba. Exhortaba a todos a convertirse. Era un hombre fuerte. Y anunciaba a Jesucristo. (Cf. S.S. Francisco, 7 de febrero de 2014, homilía en Santa Marta).
Reflexión
Jeremías y todos los profetas de Israel fueron siempre perseguidos por proclamar el incómodo mensaje de Dios, que exige una auténtica conversión del corazón.
Pero siempre afrontaron la persecución con ánimo viril e intrépido, aun a costa de la propia vida y del derramamiento de la propia sangre, como Juan Bautista, para dar testimonio de la verdad de Dios y de su palabra.
Juan el Bautista es el ejemplo clásico de la defensa inerme y valiente del profeta que, por defender su fe y la verdad, termina su vida como víctima fecunda, prefiguración de la muerte redentora de Cristo.
El verdadero cristiano, entonces, se convierte en "mártir". Más aún, sólo el mártir es el verdadero cristiano y testigo de Cristo (en griego, mártir significa "testigo"). Toda la historia de la Iglesia se ha visto coronada y adornada con la vida de tantos hijos suyos que, por amor a Jesucristo y por su fe en Él, se han convertido en mártires. Ésta es la condición radical del cristiano. Todos debemos estar dispuestos, por amor a Él y por su Iglesia, a ser testigos intrépidos del Evangelio, incluso hasta dar nuestra propia vida por Él.
Sólo así podemos llamarnos y ser auténticos cristianos, es decir, discípulos y seguidores de un Cristo, crucificado por la verdad del Evangelio y por nuestra redención.
Propósito
Si hay un precepto de la doctrina que no vivo, o que cumplo sólo por tradición, buscar leer y consultar sobre el tema para ser siempre un auténtico testigo.
Diálogo con Cristo
Señor, qué gran ejemplo tengo en Juan el Bautista que con firmeza predicó siempre tu verdad. No le importaba la opinión de los demás, no permitía desvíos ni letargos egoístas. Gracias por iluminar mi conciencia, por ayudarme a ver dónde estoy siendo sordo o ciego e insensible a tu doctrina. Ayúdame a adherirme firmemente a tu voluntad para hacer de tu amor el centro de mi propia existencia.
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Necesitamos muchos Juan BautistaSábado de la semana 17 del tiempo ordinario “Oyó el virrey Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus ayudantes: “Ese es Juan Bautista, que ha resucitado de entre los muertos y por eso los poderes actúan en él”. Es que Herodes habían mando prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Filipo; porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella”. (Mt14,1-12)
La mala conciencia es capaz de transformar a las personas.
Oye hablar de los milagros de Jesús.
Pero Herodes no quiere saber nada de él.
Y la conciencia le hace aflorar la figura de Juan a quién él mismo ordenó encarcelar y luego los ritmos de una bailarina y las cabezas mareadas por el licor, mandó degollar.
Es que siempre resulta más fácil matar al otro que luego sacárselo de la conciencia.
Siempre es más fácil encarcelar al que nos dice la verdad, que acallar las voces de la conciencia por muy oscura que esté.
En realidad:
Es la suerte de los profetas que hablan en nombre de Dios.
Es la suerte de quienes se atreven decir la verdad a los grandes.
Es la suerte de quienes se atreven a decir no a los poderosos.
Es la suerte de quienes se atreven a decir a los grandes que no les está permitido el adulterio.
Es la suerte de quienes tratan de perturbar nuestros intereses creándonos problemas de conciencia.
Sí, siempre es más fácil:
Creer a los que nos adulan con la mentira, que a quienes nos dicen la verdad.
Creer a los que justifican nuestras inmoralidades, que a quienes las condenan.
Creer a los que guardan silencio, y no nos inquietan en nuestras vidas.
Creer a los que no quieren complicarse la vida, y terminan siendo complacientes con nuestras debilidades.
Creer a la palabra dada a una bailarina y sus contorsiones, que a quien nos acusa.
Cuando no queremos aceptar la verdad:
Nos blindamos con lo que sea.
Incluso si tenemos que meter en la oscuridad de la cárcel a un inocente.
Incluso si tenemos que pedir la cabeza de un inocente.
Poco importa el que, en un banquete de cumpleaños, tengan que presentarnos la cabeza de alguien, en una bandeja llena de sangre.
Cuando no queremos saber la verdad y que nadie nos diga la verdad:
Buscamos todos los recursos y excusas.
Buscamos todas las artimañas.
Cerramos los ojos.
Taponamos los oídos.
O simplemente hacemos callar al que nos la dice.
Por eso, necesitamos de muchos Juan Bautista:
Que no tengan miedo a la luz.
Que no tengan miedo a la verdad.
Que no tengan miedo en hablar.
Que no tengan miedo, por más que se vean amenazados.
Que no tengan miedo, por más que se jueguen la vida.
Esa es la última de las Ocho Bienaventuranzas de Jesús.
Callar, cuando hay que hablar, es complicidad.
Callar, cuando hay que hablar, es cobardía.
Callar, cuando hay que hablar, es negar el Evangelio.
Callar, cuando hay que hablar, es huir de la cruz.