Evangelio y Comentario de hoy Miercoles 23 de Julio 2014

Foto: Santo Evangelio Julio 23, 2014

El que tenga oidos, que oiga
Mateo 13, 1-9.
Tiempo Ordinario.
¿Quiénes pueden escuchar y entender a Cristo? Los que no tienen prejuicios, los que tienen un corazón sencillo.

Del santo Evangelio según san Mateo 13, 1-9
Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Acudió tanta gente, que tuvo que subirse a una barca; se sentó y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas: Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó, y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento: otros, sesenta: otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga.

Oración introductoria
Gracias, Señor, por este tiempo de oración, ayúdame a ser una buena tierra para aprovechar bien esta contemplación. Incrementa mi fe para que pueda descubrirte en lo ordinario de este día. Aumenta mi esperanza para que pueda confiar en Ti siempre. Ensancha mi amor para serte fiel en los detalles más pequeños que hoy pongas en mi camino.

Petición
Señor, concédeme vivir unido a Ti, para dar muchos frutos para la misión.

Meditación del Papa Francisco
Un cristiano restauracionista, legalista, que lo quiere todo claro y seguro, no va a encontrar nada. La tradición y la memoria del pasado tienen que ayudarnos a reunir el valor necesario para abrir espacios nuevos a Dios.
Aquel que hoy buscase siempre soluciones disciplinares, el que tienda a la "seguridad" doctrinal de modo exagerado, el que busca obstinadamente recuperar el pasado perdido, posee una visión estática e involutiva. Y así la fe se convierte en una ideología entre tantas otras.
Por mi parte, tengo una certeza dogmática: Dios está en la vida de cada uno. Y aún cuando la vida de una persona haya sido un desastre, aunque los vicios, la droga o cualquier otra cosa la tengan destruida, Dios está en su vida. Por eso, se puede y se debe buscar a Dios en toda vida humana. Aunque la vida de una persona sea terreno lleno de espinas y hierbajos, alberga siempre un espacio en que puede crecer la buena semilla. Es necesario fiarse de Dios. (S.S. Francisco, 27 de septiembre de 2013).

Reflexión
Hay hombres que han sobresalido por sus grandes discursos. Sin duda, hombres formados y con excelentes capacidades para la oratoria. Sin embargo, el mensaje más importante, el que trajo Jesucristo de parte de Dios, su Padre, no se construyó utilizando un vocabulario y unas estructuras gramaticales prodigiosas, sino con palabras sencillas: tierra, semillas, pájaros, sol...

Jesús utilizó las parábolas para explicar los grandes contenidos de su predicación. De esta manera no excluía a nadie, porque todos podían entenderle. ¿Todos? Bueno, sólo aquellos que tuvieran oídos para escucharle.

¿Quiénes pueden escuchar y entender a Cristo? Principalmente los que no tienen prejuicios, los que tienen un corazón sencillo, los que permiten que el Espíritu Santo les hable en lo más profundo del alma.

Por unos instantes, vamos a situarnos en la escena de este evangelio. Jesús se sentó junto al lago y acudió mucha gente.

¿Guardamos cada día unos momentos para acudir a ese "lago" para escuchar a Dios? ¿Con qué frecuencia tomamos entre las manos las páginas la Biblia? Es allí, en esa intimidad, en la que Dios nos habla y nos desvela sus secretos. Es en la oración donde hace que las sencillas palabras impacten en nuestro corazón y nos transformen.

Diálogo con Cristo
Señor, desde la eternidad has sembrado en mi corazón la vocación de ser tu discípulo y misionero. Permite que la semilla de mi fe, recibida en mi bautismo, crezca y dé abundantes frutos para el bien de los demás, principalmente aquellos más cercanos. Ayúdame a vivir con el constante deseo de trabajar por Ti y corresponderte como Tú te mereces.

Propósito
Pidiendo la luz del Espíritu Santo, darme un tiempo para reflexionar y descubrir ese apego que no me deja crecer en mi amor a Dios y a los demás.=
=
Autor: P.Clemente González | Fuente: Catholic.netSanto Evangelio Julio 23, 2014

El que tenga oidos, que oiga
Mateo 13, 1-9.
Tiempo Ordinario.
¿Quiénes pueden escuchar y entender a Cristo? Los que no tienen prejuicios, los que tienen un corazón sencillo.


Del santo Evangelio según san Mateo 13, 1-9
Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Acudió tanta gente, que tuvo que subirse a una barca; se sentó y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas: Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó, y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento: otros, sesenta: otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga.

Oración introductoria
Gracias, Señor, por este tiempo de oración, ayúdame a ser una buena tierra para aprovechar bien esta contemplación. Incrementa mi fe para que pueda descubrirte en lo ordinario de este día. Aumenta mi esperanza para que pueda confiar en Ti siempre. Ensancha mi amor para serte fiel en los detalles más pequeños que hoy pongas en mi camino.

Petición
Señor, concédeme vivir unido a Ti, para dar muchos frutos para la misión.

Meditación del Papa Francisco
Un cristiano restauracionista, legalista, que lo quiere todo claro y seguro, no va a encontrar nada. La tradición y la memoria del pasado tienen que ayudarnos a reunir el valor necesario para abrir espacios nuevos a Dios.
Aquel que hoy buscase siempre soluciones disciplinares, el que tienda a la "seguridad" doctrinal de modo exagerado, el que busca obstinadamente recuperar el pasado perdido, posee una visión estática e involutiva. Y así la fe se convierte en una ideología entre tantas otras.
Por mi parte, tengo una certeza dogmática: Dios está en la vida de cada uno. Y aún cuando la vida de una persona haya sido un desastre, aunque los vicios, la droga o cualquier otra cosa la tengan destruida, Dios está en su vida. Por eso, se puede y se debe buscar a Dios en toda vida humana. Aunque la vida de una persona sea terreno lleno de espinas y hierbajos, alberga siempre un espacio en que puede crecer la buena semilla. Es necesario fiarse de Dios. (S.S. Francisco, 27 de septiembre de 2013).

Reflexión
Hay hombres que han sobresalido por sus grandes discursos. Sin duda, hombres formados y con excelentes capacidades para la oratoria. Sin embargo, el mensaje más importante, el que trajo Jesucristo de parte de Dios, su Padre, no se construyó utilizando un vocabulario y unas estructuras gramaticales prodigiosas, sino con palabras sencillas: tierra, semillas, pájaros, sol...

Jesús utilizó las parábolas para explicar los grandes contenidos de su predicación. De esta manera no excluía a nadie, porque todos podían entenderle. ¿Todos? Bueno, sólo aquellos que tuvieran oídos para escucharle.

¿Quiénes pueden escuchar y entender a Cristo? Principalmente los que no tienen prejuicios, los que tienen un corazón sencillo, los que permiten que el Espíritu Santo les hable en lo más profundo del alma.

Por unos instantes, vamos a situarnos en la escena de este evangelio. Jesús se sentó junto al lago y acudió mucha gente.

¿Guardamos cada día unos momentos para acudir a ese "lago" para escuchar a Dios? ¿Con qué frecuencia tomamos entre las manos las páginas la Biblia? Es allí, en esa intimidad, en la que Dios nos habla y nos desvela sus secretos. Es en la oración donde hace que las sencillas palabras impacten en nuestro corazón y nos transformen.

Diálogo con Cristo
Señor, desde la eternidad has sembrado en mi corazón la vocación de ser tu discípulo y misionero. Permite que la semilla de mi fe, recibida en mi bautismo, crezca y dé abundantes frutos para el bien de los demás, principalmente aquellos más cercanos. Ayúdame a vivir con el constante deseo de trabajar por Ti y corresponderte como Tú te mereces.

Propósito
Pidiendo la luz del Espíritu Santo, darme un tiempo para reflexionar y descubrir ese apego que no me deja crecer en mi amor a Dios y a los demás.

https://www.facebook.com/snfranciscoxavier.comunidadcatolica

Los "grandes" se forjan en el servicio


Miércoles de la semana 16 del tiempo ordinario
“Se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: “¿Qué deseas?” “Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. Pero Jesús replicó: “No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber? Contestaron: “Lo somos”. (Mt 20,20-28)
Hay mamás que parecen generosas entregando a sus hijos al servicio de la Iglesia.
Pero su generosidad no apaga en su corazón un cierto egoísmo y vanidad.
Los entregan a Dios en la Iglesia.
Pero luego, no pueden ocultar sus deseos de una “mitra” o lo que sea.
Lo importante es que sean los primeros, estén por delante, por encima del resto.
Bueno, yo a las mamás, les perdono estos sentimientos.
No en vano son “mamás”.

Me extraña un poco más el que, quienes han tomado en serio seguir a Jesús, caigan en la trampa de los sentimientos maternales de “mami”.
Pareciera que tampoco a ellos les desagrada ese “aire de las alturas” que dicen arriba es más puro, pero también tiene menos oxígeno.
Ese “mal de las alturas” lo llaman “soroche”.
¡Y no se imaginan cómo duele la cabeza cuando le ataca a uno!

Y sin embargo, también debo reconocer que, Jesús tampoco me da la razón en todo.
Los mira y se admira de lo que le están pidiendo.
Es consciente de que ni ellos saben lo que piden.
Porque eso de ocupar los primeros puestos, a la luz del Evangelio, es atreverse a correr el mismo riesgo que Él corrió.
Ocupar los primeros puestos implica sentarse en el último.
Ocupar los primeros puestos implica pasar por el difícil momento de la Cruz.

Por eso me admira Jesús.
No apaga las ilusiones de sus corazones.
No apaga las esperanzas de sus corazones.
No apaga sus ideales, por más que parezcan muy humanos.
Sencillamente los enfrenta con la realidad:
“¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?”
¿Sois capaces de llegar hasta el final con todas las consecuencias?
¿Sois capaces de llegar a dar la vida por los demás?

Y los chicos no parecían torpes.
De inmediato respondieron decididos: “Lo somos”.

Es posible que, muchas veces, sean los padres los que piensen en vez de los hijos.
Es posible que, muchas veces, sean los padres los que pretenden planificar la vida de los hijos.
Sin embargo, me gustan los padres que miran lejos, cuando se trata de sus hijos.
Me gustan los padres que no se contentan con hijos “rapados como arbolitos mochos del jardín”.
Me gustan los padres que ofrecen metas altas a sus hijos.
Me gustan los padres que despiertan en los hijos la capacidad de riesgo.
Me gustan los padres que siembran ilusiones y esperanzas.
Me gustan los padres que tienen fe en sus hijos.

Y por más que todo ello huela a “vanidad del apellido”, Jesús mismo, no quiso matar aquellas ilusiones y esperanzas.
Tan solo quiso hacerles aterrizar y confrontar las consecuencias.
Tan solo quiso hacerles ver sus reales posibilidades.
Tan solo quiso hacerles tomar conciencia de que, el seguimiento no era una pura ilusión sino que tenía que pasar por el aro de la cruz.
Tan solo quiso hacerles sentir que, para ser primero a la luz del Evangelio, hay que aprender a ser el último.
Tan solo quiso hacerles ver que los primeros puestos, como los grandes hombres, sólo se forjan, no con el poder sino con el servicio.

juanjauregui.es