Evangelio y Comentario de hoy Viernes 09 de Mayo 2014

Santo Evangelio Mayo 9, 2014

¡Somos sal, somos luz!
Juan 6, 52-59.
Pascua.
Participar de la Eucaristía es asistir al único momento aquí en la tierra donde es posible unir lo finito con lo infinito.

Del santo evangelio según San Juan 6, 52-59.
Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre.» Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.

Oración introductoria
Teniendo en cuenta que la fe vale más que la vida, pues de qué me servirían cien años vividos sin sentido profundo, al inicio de esta oración quiero aprender a creer. Recibe Señor mi oración arrodillándome en mi interior pues te reconozco como mi Padre, mi amigo, mi hermano, alguien que cuenta en mi vida. Mira mi alma que llega cansada de tanto bregar sola en las olas encrespadas de las preocupaciones y dolores de la vida. Ilumina mi entendimiento, suaviza mi corazón, enciende mi alma.

Petición
Cristo, amigo de mi alma que sienta la necesidad de tu compañía para que cuando te reciba en la comunión seas tú el que vivas en mí, que no reine la oscuridad de mi vida solitaria y triste.

Meditación del Papa Francisco
Los Sacramentos no son apariencias, no son ritos, los sacramentos son la fuerza de Cristo, está Jesucristo en los Sacramentos. Cuando celebramos la Misa, en la Eucaristía, está Jesús vivo, muy vivo, que nos reúne, nos hace comunidad, nos hace adorar al Padre.
Cada uno de nosotros, de hecho, mediante el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, está incorporado a Cristo y unido a toda la comunidad de los creyentes.
Por tanto, si por un lado está la Iglesia que "hace" los Sacramentos, por otro lado están los Sacramentos que "hacen" a la Iglesia, la edifican, generando nuevos hijos, agregándolos al pueblo santo de Dios, consolidando su pertenencia.
Cada encuentro con Cristo, que en los Sacramentos nos da la salvación, nos invita a "ir" y comunicar a los demás una salvación que hemos podido ver, tocar, encontrar, acoger y que es verdaderamente creíble porque es amor. (S.S. Francisco, 6 de noviembre de 2013).

Reflexión
¡Qué extraño nos parece la gente que habla de cosas que nadie entiende! Con razón los coetáneos de Cristo pensaron que Él se había vuelto loco: cómo estaba eso de comer su carne y beber su sangre, ¿no es esto un acto de canibalismo? Y todavía son más enigmáticas las palabras del Maestro que nos promete la verdadera vida por este Cuerpo y esta Sangre. Y es que muchas veces los discursos de Dios, en las lágrimas nunca enjugadas de una persona abandonada y explotada, en las decepciones y fracasos, en las ingratitudes e incomprensiones, nos parecen contradictorios. Es entonces cuando brillan las paradojas de Dios, que promete alegría sufriendo, paz al que es perseguido, gloria al que es despreciado.

Esto es lógico, pues sabemos por la Revelación que el pecado original vino a corromper la el orden entre nuestras facultades espirituales y sensitivas. Nos encontramos en contradicción muchas veces entre nuestras potencias irascibles concupiscibles y racionales. ¿Qué hacer? El Evangelio de hoy nos abre la puerta que comienza a iluminar nuestro camino sembrado de dolores y tinieblas: nos enseña el camino de la Fe.
Sólo a esta luz se puede contemplar este pasaje. Comer el Cuerpo de Cristo, significa saciar nuestra hambre de felicidad que tantas veces buscamos en lugares que lo único que nos traen es vacío y desengaño. Nuestra alma nuestra vida pide alimento y sólo Dios puede saciarlo, lo demás se acaba, se marchita, acaba por no saciarnos. Beber la Sangre de Cristo, participar de la Eucaristía es asistir al único momento aquí en la tierra donde es posible unir lo finito con lo infinito, el tiempo con la eternidad. Pidamos la fe, para que podamos hacer una verdadera experiencia de Cristo, pues uno nunca valorará lo que nunca ha conocido, ni podrá esperar en aquello de lo que nunca ha hecho experiencia.

Cada cristiano ha recibido desde su bautismo la hermosa misión de sembrar, nos abre a la dimensión del apostolado, que no significa otra cosa que compartir el tesoro más grande que hemos recibido. Mas nadie da lo que no tiene. Es un hecho que la gente está sedienta de Dios. Es evidente la falta de principios en la juventud, la falta de ideales. Hoy más que nunca nos da la impresión que la flor espléndida y lozana de la juventud se ha trocado en un museo de energía congelado o casi fosilizado. Es muy común encontrar personas que piensan que hubiera sido mejor no haber venido a la existencia. Es entonces cuando nuestra labor apostólica cobra sentido pues en esos momentos podemos compartir la convicción de que sólo aquel que ha hecho la experiencia de sentirse amado puede encontrar un sentido a su propia vida. ¿O no es esto el secreto en el matrimonio, en el noviazgo o la vida religiosa? Sólo la Eucaristía nos abre a la esperanza de una vida que no se acaba aquí abajo, que sólo se encuentra en quien ha aprendido a amar, es decir que ha entendido lo que significa caer en tierra cual semilla que lentamente se pudre para dar fruto.

Propósito
Hacer de mi próxima Eucaristía un momento de adoración y gratitud por tanto amor de Dios.

Diálogo con Cristo
Señor en este corto peregrinar de nuestra vida, ante las sombras que amenazan oscurecer nuestra verdadera alegría, ante la desorientación y la falta de luz en nuestras vidas y en la sociedad, concédeme la gracia de tener siempre encendida la antorcha de la fe, para que cada contacto con cada persona seas tú el que vuelva encender esa llama, ese fuego y esa pasión que nace de aquellos corazones que han hecho una verdadera experiencia del amor de un Dios que no se cansa de esperar ni de amar con locura.


https://www.facebook.com/snfranciscoxavier.comunidadcatolica 

¿Aprender de los libros o de las ovejas?

Buen Pastor
"No sabía que los pastores fueran capaces de leer libros”
dijo una voz femenina a su lado”.
“Es que las ovejas enseñan más que los libros”,
respondió el muchacho”.

(Paulo Coelho: El Alquimista)
Lo había leído muchas veces y siempre lo pasé por alto. Pero hoy lo he vuelto a leer y me he sentido como tocado por la respuesta del muchacho Santiago. “Las ovejas enseñan más que los libros”. Y me ha hecho pensar y reflexionar sobre mi condición de “pastor del rebaño de Jesús”, “pastor de este rebaño de Jesús que es el Pueblo de Dios”.

Porque uno se pregunta “¿somos pastores capaces de leer libros o somos pastores que aprendemos de las ovejas más que de los libros?”
Es cierto que los libros enseñan mucho, pero los fieles nos enseñan más. En los libros aprendemos ideas, pero en la experiencia con nuestros fieles aprendemos vida, aprendemos la realidad de la vida.
Quien solo aprende de los libros termina por “hablar ideas y hablar al pueblo”, pero quien aprende de los fieles termina “hablando con el pueblo, con la gente”.

Con frecuencia, nosotros hablamos “a”, y hablamos poco “con”. Y por eso la comunicación suele ser pobre. Nos escuchan sí, pero no se identifican con nosotros, porque nosotros no nos identificamos con ellos. Para crear una verdadera comunión personal no basta “hablar a” es preciso “hablar con”. Cumplimos con el deber de hablar, pero no cumplimos con la verdadera misión de sentirlos parte de nosotros mismos y nosotros parte de ellos.
Las estanterías de nuestra biblioteca es posible estén llenas de libros. Estamos al día de lo que se escribe y se dice. Llenas de ideas encarnadas en tinta. Pero posiblemente, esas estanterías estén vacías de gente, vacías del Pueblo de Dios que lucha cada día, sufre cada día, ama cada día, se alegra cada día y vive cada día. Ideas no encarnadas en la vida diaria. “Vacías de rostros humanos”.
Durante años nos han formado y preparado para hablar “a” los fieles. Pero necesitamos luego de esa otra formación que nos viene de ellos. También los fieles son agentes de nuestra preparación y formación. El buen pastor está llamado a estar con sus ovejas, comer con las ovejas, divertirse con las ovejas, llorar con las ovejas y celebrar con todas ellas. El buen pastor tiene que oler no a despacho parroquial sino a piel de oveja y a caminos y a rediles de ovejas.
Nuestro problema pastoral está en que hablamos demasiado y escuchamos demasiado poco. Y quien quiera ser escuchado ha de comenzar por escuchar a los demás, porque son ellos quienes tienen muchas más cosas que decirnos a nosotros que nosotros a ellos.
Los pastores nos tenemos por maestros, cuando en realidad debiéramos ser los eternos discípulos que cada día aprendemos de la gente. A los libros tenemos que leerlos con los ojos. Mientras que a la gente tenemos que escucharla con los oídos, con la mente y con el corazón.
Por eso, Jesús mismo nos dice: “conozco a las mías, y las mías me conocen”.
Y aún dice algo más: “igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre”.

No hay conflicto alguno entre nuestro escuchar a Dios y escuchar la voz de nuestros fieles. Los dos nos hablan.
Nos habla Dios y nos hablan los fieles.
O mejor aún: Dios nos habla de muchas maneras.
Por su Palabra escrita.
Por su Palabra en nuestro corazón.
Y a través de la voz de los fieles.

Tenemos dos grandes libros para leer:
El Libro “Dios” y el Libro “los fieles”. Los dos nos instruyen. Los dos nos interrogan. Los dos nos marcan el camino de nuestro quehacer pastoral.
Así como cada día leemos la Palabra de Dios, igualmente cada día tendremos que leer esa otra palabra de Dios que es la vida de nuestros fieles. Y al final del día, terminar diciendo: “Palabra de Dios”. “Te alabamos, Señor”.

Oración
Señor: Tú eres el buen Pastor
y nos haces partícipes de tu mismo pastoreo.
Tú eres el Pastor que conoce a las ovejas,
que también nosotros podamos conocerlas por su nombre.
Tú eres el Pastor a quien las ovejas conocen,
que también las nuestras
nos conozcan no porque nos ven en el altar
sino porque nos sienten cerca compartiendo sus vidas.
Tú eres el Pastor que se deja enseñar por las ovejas.
Que nuestro libro de texto sea tu Palabra escrita con tinta.
Pero también escrita en la vida y la voz de nuestros fieles.

juanjauregui.es