Yo soy la vid verdadera
Juan 15, 1-8.
Pascua.
Cristo quiere que demos frutos, por eso nos poda, nos limpia, aunque duela.
Del santo Evangelio según san Juan 15, 1-8
Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos.
Oración introductoria
Padre, mi gran y buen viñador. Que esta oración me ayude a descubrir todo lo que tenga que «podar» en mi vida, para poder unirme plenamente a tu amada vid, Cristo, que me da la gracia para vivir en plenitud, como discípulo y misionero de su amor.
Petición
Señor, dame la gracia de ser un sarmiento que viva siempre unido a Ti, para poder dar fruto.
Meditación del Papa Francisco
También hoy el Señor repite: "Id...", y añade: "Yo estoy con vosotros todos los días...". ¡Esto es fundamental! Sólo con Cristo podemos llevar el Evangelio. Sin Él no podemos hacer nada —lo dijo Él mismo. Con Él, en cambio, unidos a Él, podemos hacer mucho. También un muchacho, una muchacha, que a los ojos del mundo cuenta poco o nada, a los ojos de Dios es un apóstol del Reino, es una esperanza para Dios. A todos los jóvenes desearía preguntar con fuerza, pero no sé si hoy en la plaza hay jóvenes: ¿hay jóvenes en la plaza? ¡Hay algunos! Desearía, a todos ustedes, preguntar con fuerza: ¿quieren ser una esperanza para Dios? ¿Ustedes quieren ser una esperanza? ¿Quieren ser una esperanza para la Iglesia? Un corazón joven que acoge el amor de Cristo, se transforma en esperanza para los demás, es una fuerza inmensa. Pero ustedes, chicos y chicas, todos los jóvenes, ¡ustedes deben transformarnos y transformarse en esperanza! Abrir las puertas hacia un mundo nuevo de esperanza. Ésta es vuestra tarea. (S.S. Francisco, 4 de septiembre de 2013). .
Reflexión
En una pequeña iglesia de Roma, poco visitada por los turistas, hay un sagrario que me encanta; un pelícano se picotea el pecho para dar de comer a sus poyuelos de su propia sangre, pues el alimento escasea. Es la misma imagen de Cristo que se da a nosotros para que podamos ser fieles a nuestra vocación de cristianos; el alimento espiritual escasea en el mundo y no se nos ofrece ni en la televisión ni en los escaparates.
Pero es que Dios es genial y nadie mejor que Él ha podido tener una idea semejante, darse a sí mismo por comida para que en ningún momento pasemos hambre; ya no vale decir como Elías cuando iba por el desierto: "me sentaré aquí y me atormentaré hasta que me llegue la muerte". No tenemos excusa, Cristo no se mueve del sagrario para que en cada momento vayamos a unirnos con Él, vayamos a tomar fuerzas para la jornada.
Sin duda alguna la mejor manera de llegar a Cristo es la Virgen María; es el camino que nunca falla, el más directo y el más seguro. Porque ¿quién puede tener miedo de una Madre tan buena? Como le decía la Virgen de Guadalupe a Juan Diego: "¿No estoy yo aquí que soy tu madre?". Con una Madre así llegar a Cristo es lo más fácil del mundo y la vida del cristiano se convierte en un continuo gozo.
Propósito
Dar gracias a Dios con mi oración y mi trabajo y amar a Cristo y a su Iglesia y pedir a María su ayuda.
Diálogo con Cristo
La Palabra de Dios es la verdad. «Pidan lo que quieran y se les concederá». Señor, ¿por qué conociendo tu Palabra no la hago vida? ¿Por qué mi meditación frecuentemente no es auténtica oración? Sin Ti, mi vida es incompleta, sin Ti, la vida no tiene un sentido pleno, sin Ti, no puedo dar fruto, por eso hoy te pido tu gracia para que mi oración me lleve a compartir con los demás la alegría de haberte encontrado.
https://www.facebook.com/snfranciscoxavier.comunidadcatolica
Déjate podar para que florezca la primavera
Miércoles de la Quinta Semana de Pascua“Yo soy la verdadera vida y mi Padre el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto”. (Jn 15,1.8)
Cuando veo podar los árboles siento pena, es como si los estuviesen matando a pedacitos.
Cuando veo podar un rosal siento pena, es como si los estuviesen castigando.
Cuando por primera vez vi podar los viñedos, sentí que todos se iban a morir.
Luego, después de unos meses de verlos desnudos que daban la impresión de estar secos, sentí una profunda alegría al verlos brotar de nuevo rejuvenecidos y con nuevos sarmientos.
Pienso que también la vid tiene que sufrir cuando la desnudan de sus sarmientos, como si fuese un castigo a la cantidad de racimos que nos ha regalado.
Ahora, sin entender nada de viñador, el alma se me abre a la esperanza.
Sé que pasarán el frío del invierno, puros troncos desnudos.
Pero también sé que llegará la primavera y el viñedo florecerá como una pradera verde de nuevos sarmientos.
Y que luego disfrutaré cuando vea brotar los racimos, los vea madurar y sienta ganas de cortarme uno para saborear sus uvas.
El caso es que precisamente a los sarmientos que han dado fruto, el viñador los poda.
Los que no dan fruto simplemente se los tira fuera porque no sirven para nada.
Sólo se poda a los que tienen vida y se cargan de racimos.
La Iglesia, la comunidad cristiana es la viña de Dios viñador.
Y Jesús es la vid de la que todos somos sarmientos.
Y a los que damos fruto, con frecuencia, el Señor también nos poda.
Y hasta pudiéramos imaginarnos a cada uno de nosotros como una vid a la que el Padre viñador nos va podando de tiempo en tiempo.
Nos va podando no para hacernos sufrir.
Nos va podando no para que muramos.
Nos va podando para que volvamos a renacer.
Porque el cristiano es el que está llamado a revivir y renacer cada día.
Y nos va podando precisamente para que demos más frutos.
Nos va podando para que demos más racimos y abunde más el vino.
La vid cuando es podada no se queja.
No se lamente de quedar desnuda.
Pero nosotros solemos quejarnos y lamentarnos.
Y nos lamentamos precisamente porque nos sentimos buenos.
Y nos quejamos del viñador: “¿por qué a mí que soy bueno y cumplo con todo?”
Y nos olvidamos que también el “Padre viñador” nos poda:
No porque no nos ame.
No porque no nos quiera.
No porque nos quiera hacer sufrir.
No porque nos quiera castigar.
No porque nos quiera ver desnudos e impotentes.
Sino porque, precisamente, nuestro Padre:
Nos quiere ver, no viejos sino nuevos.
Nos quiere ver no cristianos de invierno.
Nos quiere ver cristianos rebrotando cada día.
Nos quiere ver cristianos renovados.
Nos quiere ver cristianos en primavera espiritual.
Nos quiere limpiar de todo lo que nos estorba para crecer.
Nos quiere limpiar de todo lo que nos impide tener un corazón más limpio.
Nos quiere ver cargados de frutos de bondad.
Nos quiere ver cargados de frutos de gracia y santidad.
La poda duele.
Pero la poda renueva.
La poda hace brotar en nosotros la primavera de la gracia.
No tengamos miedo a la “poda de nuestro Padre, el viñador”.
Nos poda, porque nos ama.
Pensamiento: Déjate podar para que una nueva primavera florezca en tu vida.
juanjauregui.es

