Evangelio y Comentario de hoy Miercoles 14 de Mayo 2014

Santo Evangelio Mayo 12, 2014

Los discípulos amigos de Jesús
Juan 15, 9-17.
Fiesta de San Matías apóstol.
Si llevamos en nuestro corazón a Dios tendremos el verdadero amor.

Del santo Evangelio según san Juan 15, 9-17
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros.

Oración introductoria
Señor, dame a entender que el amor es la esencia del cristianismo, que éste debe ser mi distintivo como cristiano, no dejes que olvide la necesidad urgente de vivir a fondo el espíritu de caridad. Tú, que eres todo Amor, infunde en mi corazón, en esta oración, tu divino amor.

Petición
Jesús, hazme comprender que la verdadera caridad cristiana se dirige a todos, sin distinciones ni medidas.

Meditación del Papa Francisco
El encuentro y la acogida de todos, la solidaridad, es una palabra que la están escondiendo en esta cultura, casi una mala palabra, la solidaridad y la fraternidad, son elementos que hacen nuestra civilización verdaderamente humana.
Ser servidores de la comunión y de la cultura del encuentro. Los quisiera casi obsesionados en este sentido. Y hacerlo sin ser presuntuosos, imponiendo "nuestra verdad", más bien guiados por la certeza humilde y feliz de quien ha sido encontrado, alcanzado y transformado por la Verdad que es Cristo, y no puede dejar de proclamarla.
Queridos hermanos y hermanas, estamos llamados por Dios, con nombre y apellido, cada uno de nosotros, llamados a anunciar el Evangelio y a promover con alegría la cultura del encuentro. La Virgen María es nuestro modelo. En su vida ha dado el "ejemplo de aquel amor de madre que debe animar a todos los que colaboran en la misión apostólica de la Iglesia para engendrar a los hombres a una vida nueva" (SS Francisco, 27 de julio de 2013).

Reflexión
"Amaos los unos a los otros como yo os he amado"; es el nuevo mandamiento que sale del Corazón de Dios; no sale de la ley, ni de una prohibición. Sale de un reclamo de Cristo que quiere que le imitemos hasta dar nuestra vida por nuestros hermanos, porque así lo ha hecho Cristo muriendo en la cruz.

Muy cerca de nosotros está la Virgen María; nadie mejor que ella ha amado a Dios y a todos los hombres, pues por su amor en la Anunciación se convirtió en Madre de Dios, y por su amor en la cruz en Madre de todos los hombres; su amor ha sido tan grande que ni siquiera el pecado, se ha atrevido a tocarla. La clave de todo está en el amor, donde se encuentra la paz, donde se encuentra la fortaleza en el seguimiento de la voluntad de Dios.

Como dice san Juan: "Dios es amor". Por lo tanto si llevamos en nuestro corazón a Dios tendremos el verdadero amor, y la medida del amor a Dios está en el amor a nuestros hermanos, porque si no somos unos mentirosos, como dice la carta de Santiago.

Propósito
Ser un auténtico testigo del amor de Dios al hacer hoy, en su nombre, una obra buena, aunque sea difícil.

Diálogo con Cristo
El cristianismo es una llamada al verdadero amor, por eso estoy llamado a ser un auténtico testigo del amor. La caridad nunca debe limitarse a evitar el mal sino que debe concentrarse en hacer a todos el bien, brindándoles apoyo en todo lo que es posible y dando de lo propio con generosidad. Jesús, no dejes que me olvide que el sí amoroso a mi vocación cristiana debe también llevarme un sí a las demás personas, especialmente a las más cercanas.


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Ser señal

Miércoles de la Cuarta Semana de Pascua

“El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas”. (Jn 12,44-50)
Jesús no es el final del camino.
Jesús es el camino que lleva al Padre.
La misión de Jesús no es él mismo.
La misión de Jesús es revelar y manifestar al Padre.

Hay cosas que parecen sencillas y sin importancia, pero ¡qué importantes son!
¡Qué importante es una señalización de curva en una autopista!
¡Qué importante es una flecha en el camino que nos señala la dirección!

En una ocasión veía una película donde los indígenas se internaban en una selva desconocida. Y a la medida que caminaban iban rompiendo ramitas o dejando lacitos en las ramas, para acertar luego con el regreso.
Ser señal puede parece insignificante.
Pero ser señal es llevarnos hasta la meta, hasta el final del camino.
Jesús mismo se presenta, no como la meta y final del camino.
Sino como una señal que nos indica el camino del Padre.
“El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado”.
“El que me ve a mí ve al que me ha enviado”.

Me viene al recuerdo algo que leí de aquella chica madrileña que veraneaba todos años en Irán y que en su diario dejó escrito: “Madre mía (se refería a la Virgen) que quien me mire a mí, te vea a ti”.
El cristiano y la Iglesia misma no son el final del camino.
Son sacramentos, señales, signos de algo que va más allá: el Reino de Dios.
Nosotros no somos Jesús, pero podemos ser sus signos.
Nosotros no somos la salvación, pero podemos ser sus signos.
Nosotros no somos Dios, pero sí podemos ser las señales que indican donde encontrarlo.
Que quien nos vea a nosotros, le vea a Él.
Que quien nos vea a nosotros, vea el Evangelio.
Que quien nos vea a nosotros, vea el Reino de Dios.
Que quien nos vea a nosotros, vea y descubra el amor del Padre.

“Yo he venido al mundo como luz, así el que crea no andará en tinieblas”.
La linterna no sea alumbra a sí misma.
Pero sí al que la lleva encendida.
Es curioso que Jesús nos haya dicho en alguna ocasión que “vosotros sois la luz del mundo”.
No somos luz para nosotros.
Somos luz para los demás.
Somos luz para que otros vean.
Somos luz para que otros descubran el camino.
Somos luz para otros no tropiecen.
Somos luz para que otros no caminen en la oscuridad.

¿Nos os parece maravilloso el que Jesús nos haya hecho sus signos y su luz?
¿Recordáis lo que otras veces he escrito sobre aquel ciego que caminaba por la noche con la linterna encendida?
Al encontrarse con un amigo, éste le pregunta:
- ¿Y para que llevas encendida la linterna si tú eres ciego?
La respuesta fue hermosa:
- “Yo sí, pero tú no. Y yo la llevo encendida para que tú no tropieces”.
¿Seremos nosotros esa linterna que alumbra para que otros puedan ver y no tropiecen?
Será la mejor profesión.
Ser luz y será el mejor servicio para que otros caminen en la luz y no tropiecen.

Pensamiento: Aunque tú no veas, haz que otros puedan ver.
juanjauregui.es