Día litúrgico: Martes IV de Pascua
Santoral 13 de Mayo: La Virgen de Fátima
Texto del Evangelio (Jn 10,22-30):
Se celebró por entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era
invierno. Jesús se paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón. Le
rodearon los judíos, y le decían: «¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo?
Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente». Jesús les respondió: «Ya
os lo he dicho, pero no me creéis. Las obras que hago en nombre de mi
Padre son las que dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis porque
no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y
ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie
las arrebatará de mi mano. El Padre, que me las ha dado, es más grande
que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. Yo y el
Padre somos uno».
Comentario:
Rev. D.
Miquel
MASATS i Roca
(Girona, España)
Yo y el Padre somos uno
Hoy
vemos a Jesús que se «paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón»
(Jn 10,23), durante la fiesta de la Dedicación en Jerusalén. Entonces,
los judíos le piden: «Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente», y
Jesús les contesta: «Ya os lo he dicho, pero no me creéis» (Jn
10,24.25).Sólo la fe capacita al hombre para reconocer a Jesucristo como el Hijo de Dios. Juan Pablo II hablaba en el año 2000, en el encuentro con los jóvenes en Tor Vergata, del “laboratorio de la fe”. Para la pregunta «¿Quién dicen las gentes que soy yo?» (Lc 9,18) hay muchas respuestas... Pero, Jesús pasa después al plano personal: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Para contestar correctamente a esta pregunta es necesaria la “revelación del Padre”. Para responder como Pedro —«Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo» (Mt 16,16)— hace falta la gracia de Dios.
Pero, aunque Dios quiere que todo el mundo crea y se salve, sólo los hombres humildes están capacitados para acoger este don. «Con los humildes está la sabiduría», se lee en el libro de los Proverbios (11,2). La verdadera sabiduría del hombre consiste en fiarse de Dios.
Santo Tomás de Aquino comenta este pasaje del Evangelio diciendo: «Puedo ver gracias a la luz del sol, pero si cierro los ojos, no veo; pero esto no es por culpa del sol, sino por culpa mía».
Jesús les dice que si no creen, al menos crean por las obras que hace, que manifiestan el poder de Dios: «Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí» (Jn 10,25).
Jesús conoce a sus ovejas y sus ovejas escuchan su voz. La fe lleva al trato con Jesús en la oración. ¿Qué es la oración, sino el trato con Jesucristo, que sabemos que nos ama y nos lleva al Padre? El resultado y premio de esta intimidad con Jesús en esta vida, es la vida eterna, como hemos leído en el Evangelio.
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Jesús plantea una
pregunta:“¿Son pastores todos los pastores?”
“¿Son llamados todos los pastores todos los que se dicen pastores?”
Lo cual nos está diciendo que no todos los pastores son pastores.
El verdadero pastor tiene unas características:
Entra por la puerta y no salta por otra parte.
Porque hay muchas maneras de subir.
Porque hay muchas maneras de empujar para que alguien suba.
Porque hay muchas mentiras para ascender.
Porque hay muchos engaños para ascender.
Porque hay demasiada mentira haciendo promesas que no se cumplen.
Porque hay demasiada falsedad cuando prometemos.
El verdadero pastor “entra por la verdadera puerta”:
Que no es otra que la “puerta de la fe”.
Que no es otra que “la puerta de la vocación de servicio”.
Que no es otra que la “puerta de la Cruz”.
Porque lo que define al verdadero pastor es el “dar su vida por las ovejas”.
La Cruz es la puerta del amor y quien no lleva la cruz de las ovejas no ha entrado por la puerta.
La verdadera puerta es “Jesús”.
Y Jesús ha puesto como puerta de ingreso a la Iglesia y al rebaño que es la Iglesia, su muerte en la Cruz.
Quien no sea capaz de subirse a la Cruz, no será nunca buen pastor.
Y esto puede darse en todo orden de cosas.
En el plano de lo político y económico.
Y ¿por qué no también en el plano de lo espiritual?
Las últimas y dolorosas experiencias nos hablan de que también en lo espiritual puede haber mucha mentira y engaño.
Las últimas y dolorosas experiencias nos hablan de quienes no han entrado por la verdadera puerta de la Cruz.
Sino que se han buscado otros intereses.
El buen pastor:
Guarda las ovejas.
Pero luego les abre la puerta y las saca libres al campo.
Las protege, sí, pero también las hace libres.
El buen pastor no es el que busca su seguridad encerrando a las ovejas sino sacándolas al aire libre de los campos.
El buen pastor:
Es el que va por delante guiando y atrayendo a las ovejas.
No el que las empuja y obliga y castiga.
Por eso, también las ovejas tienen su olfato y su propio oído.
Saben distinguir la voz del que es auténtico pastor.
Saben distinguir la voz del que las guía y del que las tiene aprisionadas.
Saben distinguir la voz del que les abre cada día nuevos caminos y del que las obliga a andar siempre el mismo camino.
Saben distinguir a la Madre Teresa cargando con los ancianos que apestan, del que no se mancha sus vestidos ni sus manos.
Saben distinguir a los que apuestan su vida por ellas, de aquellos que huyen o se esconden ante el peligro.
Es que ese rebaño que es el Pueblo de Dios tiene un fino olfato para distinguir a unos de otros.
Como también la sociedad civil tiene un fino olfato para distinguir a quien está arriba pero no se mancha con los de abajo.
El rebaño sabe distinguir a aquel a quien hay que pedir permiso para llegar hasta él, de aquel otro que anda metido entre ellos y sus puertas siempre están abiertas.
Señor:
Danos pastores que huelan a oveja.
Danos pastores que huelan a polvo de los caminos.
Danos pastores que huelan a necesidad.
Danos pastores que huelan a enfermos, ancianos, necesitados.
Danos pastores que pasen primero por tu Cruz.