Evangelio y Comentario de hoy Miercoles 06 de Mayo de 2014

Santo Evangelio Mayo 7, 2014

Jesús, pan de vida
Juan 6, 35-40.
Pascua.
¡Con cuánto fervor debemos participar en la Eucaristía!


Del santo Evangelio según san Juan 6, 35-40
En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed. Pero ya os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis. Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera; porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día.

Oración introductoria
Jesús, la promesa que haces de acoger siempre a quien se acerca a Ti me llena de confianza y entusiasmo. Quiero cumplir siempre tu voluntad. Haz que esta oración abra mi entendimiento, disponga mi voluntad y avive mi amor, para que nunca me estanque en el conformismo o en la mediocridad.

Petición
Te pedimos Señor que nos dé el alimento, la Eucaristía, , para poder alimentar también nuestro espíritu, y llegar a tener vida en Cristo.

Meditación del Papa Francisco
Y todos nos equivocamos, y a veces alguno se ofende en la familia, o en el matrimonio. A veces, digo, vuelan los platos, se dicen palabras fuertes, pero escuchen este consejo: no terminen la jornada sin hacer la paz, cada día. Disculpa y se recomienza. Permiso, gracias, perdón. ¿Lo decimos juntos?: Permiso, gracias, disculpa, usemos estas tres palabras en familia, perdonarse cada día.
En la vida, la familia experimenta muchos momentos hermosos: el descanso, la comida juntos, el paseo hasta al parque o por los campos, la visita a los abuelos, o a una persona enferma... Pero, si falta el amor, faltará la alegría, faltará la fiesta. Porque el amor nos lo da siempre Jesús: él es la fuente inagotable y se da a nosotros en la Eucaristía. Allí en el sacramento, Jesús nos da su palabra y el pan de la vida, para que nuestra alegría sea completa. (S.S. Francisco, 26 de octubre de 2013). .

Reflexión
Este texto de Juan es sin duda un discurso sobre la Eucaristía. El autor hace un paragón con el pan que comían los hijos de Israel en el desierto, cuando salieron de Egipto. El mensaje central es que Jesús es el pan de la vida, para tener la vida eterna debemos comer este pan. Vida y comida son dos cosas que van unidas. Quien cree en Jesús tendrá el pan de la vida y la vida eterna. Este texto refuerza nuestra fe en la eucaristía. Cada vez que nos acercamos a la mesa del Señor, debemos renovar en nosotros mismos la conciencia de recibir el pan que nos da la vida. ¡Con cuánto fervor debemos celebrar o participar en la Eucaristía!

Pero no nos debemos escandalizar si alguna vez parece que nuestra fe no penetra más en el misterio de la Eucaristía. La misma dificultad han tenido aquellos que escucharon el discurso de Jesús en Cafarnaúm. Si nuestra fe parece débil, no debemos desesperar o desanimarnos; más bien debemos repetir como San Pedro: ¿Señor, a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros hemos creído que Tú eres el Hijo de Dios (Jn 6, 68-69)

Diálogo con Cristo
Jesús, me doy cuenta que el ideal de cumplir siempre tu voluntad es costoso. El orgullo, la pereza espiritual o el miedo son obstáculos que necesito vencer, pero frecuentemente olvido que sólo tu gracia podrá lograr esa transformación de mi egoísmo y soberbia en amor a Ti y a los demás. Nunca permitas que me aparte de la fuente de esa gracia: tu Eucaristía.

Propósito
Para que recibir la Eucaristía nunca se convierta en un acto rutinario, hoy (y siempre) me prepararé lo mejor posible para recibirla y agradeceré a Dios su infinito amor.


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Ver con el alma y el corazón

Miércoles de la tercera semana de Pascua

“Habéis visto y no creéis” (Jn 6,35-40)
1.- Hay muchas maneras de ver.
Hay quienes viendo no ven y hay quienes no viendo ven.
Hay quienes ven, pero “no creen”.
Hay quienes ven y “creen”.
Hay quienes “no quieren ver”, para “no creer”.
Hay quienes “buscan ver”, para poder “creer”.

Tomás, por ejemplo:
Fue de los que “no vio” y por eso “no creyó”.
Fue de los que “luego vio” y terminó “creyendo”.

2.- La gente que seguía a Jesús “había visto el milagro de la multiplicación de los panes”.
Pero “viendo, no creyó”.
Porque solo vio el pan y los peces.
Porque solo vio con el estómago vacío.
Pero no logró ver con el alma, con el espíritu.
Vio el pan pero no vio lo que había detrás de ese pan.
Vio al panadero, pero no vio al Hijo de Dios que les daba de comer.
Vio el pan de cebada pero no vio a Jesús como el “pan de vida”.

3.- No es suficiente ver con los ojos, es preciso ver con el alma y el corazón.
No es suficiente ver los colores de las flores, es preciso ver el milagro de Dios en cada una de ellas.
No es suficiente ver el sol de cada mañana, es preciso ver el regalo de un día más que Dios nos da cada madrugada.
No es suficiente ver el nacimiento de un hijo, es preciso ver el milagro de la vida que Dios realiza a través de la paternidad humana.
No es suficiente ver al Crucificado colgado de una Cruz, es preciso ver el amor que Dios nos manifiesta en él.
No es suficiente ver la hostia que cada día comulgamos, es preciso ver la carne del crucificado resucitado que se nos da en comunión. Ver a “Jesús, pan de vida”
No es suficiente ver a ese hombre o esa mujer que pasan a nuestro lado, es preciso ver en cada uno de ellos a un hijo o una hija de Dios, a nuestro hermano o hermana.
No es suficiente ver a la Iglesia y sus grandes monumentos, es preciso ver el misterio del “cuerpo místico de Cristo”.
No es suficiente vernos en el espejo, es preciso vernos por dentro y descubrirnos habitados por el Espíritu Santo.

4.- No basta ver a Jesús como hombre entre los hombres, por interesante que sea. Es preciso “ver en él al Hijo y creer en él”, porque sólo así será posible “tengan vida eterna, y yo lo resucitaré el último día”.
Y esa es nuestra verdadera plenitud como seres humanos.
Gozar desde ya la vida eterna.
Una vida que no empieza en el más allá sino en el más acá.
No dice Jesús que quien lo ve y cree en él como Hijo de Dios, “tendrá la vida eterna”, sino que ya la “tenga desde ahora”.

5.- Y esto es válido para todos.
No para algunos solamente. “Y al que venga a mí, no lo echaré fuera”.
Y no es por puro capricho ni como promesa para que le sigan.
“Esta es la voluntad del Padre que me ha enviado: que no se pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día”.
¿No te parece maravilloso ese amor revelado en “Jesús, pan de vida” por el que Dios, sin excluir a nadie, ame a todos y a todos nos quiera habitar y a todos nos quiera salvar?
El amor es hermoso cuando no se encierra en sí mismo sino que se abre a todos.

juanjauregui.es