Evangelio y Comentario de hoy Martes 22 de Abril 2014

Día litúrgico: Martes de la octava de Pascua
Texto del Evangelio (Jn 20,11-18): En aquel tiempo, estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto». Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré». Jesús le dice: «María». Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní», que quiere decir “Maestro”». Dícele Jesús: «No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: ‘Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios’». Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.
Comentario: Rev. D. Antoni ORIOL i Tataret (Vic, Barcelona, España)
Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor
Hoy, en la figura de María Magdalena, podemos contemplar dos niveles de aceptación de nuestro Salvador: imperfecto, el primero; completo, el segundo. Desde el primero, María se nos muestra como una sincerísima discípula de Jesús. Ella lo sigue, maestro incomparable; le es heroicamente adherente, crucificado por amor; lo busca, más allá de la muerte, sepultado y desaparecido. ¡Cuán impregnadas de admirable entrega a su “Señor” son las dos exclamaciones que nos conservó, como perlas incomparables, el evangelista Juan: «Se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto» (Jn 20,13); «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré»! (Jn 20,15). Pocos discípulos ha contemplado la historia, tan afectos y leales como la Magdalena.

No obstante, la buena noticia de hoy, de este martes de la octava de Pascua, supera infinitamente toda bondad ética y toda fe religiosa en un Jesús admirable, pero, en último término, muerto; y nos traslada al ámbito de la fe en el Resucitado. Aquel Jesús que, en un primer momento, dejándola en el nivel de la fe imperfecta, se dirige a la Magdalena preguntándole: «Mujer, ¿por qué lloras?» (Jn 20,15) y a la cual ella, con ojos miopes, responde como corresponde a un hortelano que se interesa por su desazón; aquel Jesús, ahora, en un segundo momento, definitivo, la interpela con su nombre: «¡María!» y la conmociona hasta el punto de estremecerla de resurrección y de vida, es decir, de Él mismo, el Resucitado, el Viviente por siempre. ¿Resultado? Magdalena creyente y Magdalena apóstol: «Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor» (Jn 20,18).

Hoy no es infrecuente el caso de cristianos que no ven claro el más allá de esta vida y, pues, que dudan de la resurrección de Jesús. ¿Me cuento entre ellos? De modo semejante son numerosos los cristianos que tienen suficiente fe como para seguirle privadamente, pero que temen proclamarlo apostólicamente. ¿Formo parte de ese grupo? Si fuera así, como María Magdalena, digámosle: —¡Maestro!, abracémonos a sus pies y vayamos a encontrar a nuestros hermanos para decirles: —El Señor ha resucitado y le he visto.

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Dios ama la vida

Martes de Pascua

“Se han llevado del Sepulcro al Señor, y no sabemos donde le han puesto”. (Jn 20, 2)
- “Se han llevado al Señor”. No. Nadie se lo ha llevado.
Él mismo se ha ido.
Dios no ama estar en la muerte, porque Dios ama la vida.
Nadie se lo ha llevado. Aquí no hay robo.
Sólo hay resurrección.
Aquí no hay muerte.
Aquí sólo queda la vida.

- Dios no está donde hay muerte. Cualquier muerte.
Dios no está en la muerte del hermano.
Dios está donde hay vida.
Porque cuando Dios se hace presente en la muerte, hasta ésta queda iluminada y transformada por la vida.

- Los hombres andamos buscando a Dios.
Y lo buscamos en cualquier sitio. Menos donde Tú estás.
Te buscamos en las cosas, y Tú estás entre los hombres.
Te buscamos en el dinero y Tú estás en la vida.
Te buscamos en el poder y Tú estás allí donde hay servicio a los hermanos.
Te buscamos en nuestros egoísmos y Tú estás allí donde abunda la generosidad.
Te buscamos en el disfrute de la vida, y Tú estás allí donde el hombre es capaz de sacrificar la vida por los demás.

- En la mañana de Pascua, las piadosas mujeres te andan buscando, cuando Tú ya has salido a buscarlas a ellas. Ellas llegan tarde, cuando Tú ya has salido de camino hacia los hombres.
- En la mañana de Pascua brota una pregunta que es una duda: “no sabemos dónde le han puesto”. Es la pregunta que muchos nos hacen hoy a los cristianos.
¿Qué habéis hecho con Dios?
¿Dónde lo habéis puesto?
¿Dónde habéis secuestrado a Dios?
¿Lo habéis encerrado en las Iglesias?
¿Lo habéis escondido en la privacidad de vuestras vidas?
Los hombres quieren un Dios para la vida y la vida está vacía de Dios.
No la encuentran en la vida.
¿Dónde lo hemos puesto?

- Los cristianos estamos obligados a devolver a Dios a los hombres que lo buscan.
Pero debemos devolvérselo en las páginas de la vida diaria y no escondido y rezando en el silencio de las Iglesias. Ese Dios no les sirve, si no les sirve para la vida.

Actitud para hoy:
- ¿Mi vida revela y manifiesta a Dios o esconde a Dios?
- Cuantos saben de mi vida de cristiano, ¿pueden reconocer a Dios en mí?
- ¿Dónde busco yo a Dios? ¿Soy de los que lo quieren encontrar entre los muertos? ¿Lo busco realmente donde Él está, camino de los hombres?

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