Su madre y sus hermanos fueron a verlo, pero
no pudieron acercarse a causa de la multitud. Entonces le anunciaron a
Jesús: «Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren verte.»
Pero él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican.»
Pero él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican.»
Palabra del Señor.
Reflexión
Este
pasaje del Evangelio, a veces se interpreta erróneamente, para decir
que María tuvo más hijos además de Jesús. Esto contradice lo que era la
costumbre del pueblo judío en la época de Jesús de llamar hermanos a
parientes de distintos grados.
Los
cristianos solemos usar la palabra hermano para dirigirnos a nuestro
prójimo y no tenemos con ellos ningún parentesco carnal. Por tanto, no
podemos confundir esta terminología que aparece en el Evangelio cuando
se habla de hermanos de Jesús.
Lo
realmente importante de este Evangelio es que cuando hacemos la voluntad
de Dios cuando escuchamos su Palabra y la ponemos en práctica, entonces
nos convertimos en familia de Jesús. El parentesco con Jesús no radica en la sangre.
María
se hace acreedora al título de Madre de Jesús, no sólo porque engendró a
nuestro Señor, sino por el Sí total y absoluto dado a la Palabra de
Dios.
Este texto, que podría entenderse como un rechazo de Jesús a María, en realidad es una alabanza.
Jesucristo
aprovecha esta oportunidad, para comparar el simple afecto familiar
humano, con otro afecto de la gran familia cristiana, basada en lo
¨sobrenatural¨
María nos brinda el ejemplo a imitar. Ella es quien con mayor fidelidad sirvió a Jesús:
Debemos
escuchar como María la Palabra de Dios, prestarle atención, leerla
detenidamente, escucharla atentamente en aquellos momentos que el Señor
disponga para que podamos hacerlo.
Debemos
meditar como María, la Palabra de Dios. Debemos profundizar el sentido
de la Palabra de Dios e irla aplicando a las diversas circunstancias de
nuestra vida.
Y luego debemos cumplir la Palabra de Dios. Sólo así, en nuestra vida puede haber verdadera conversión..
El Señor promete felicidad a los que ponen en práctica la Palabra de Dios.
Nosotros
queremos practicar en nuestra vida la escena de la Anunciación,
deseamos repetirla en las más pequeñas cosas de la vida diaria. En el
momento de la Anunciación María escucha al Ángel, medita, pregunta y
pronuncia su Sí y actúa.
Cada acontecimiento,... cada persona,... lo que nos sucede,... pueden ser para nosotros semejante a un Ángel del Señor.
Nuestra tarea consiste en tener siempre delicadeza de oído, meditar ¨lo que es este saludo¨ y responder.
Si nosotros tomamos en serio el ¨Sí¨, entonces lo realizamos cada día, y vamos por el camino que Dios preparó para nosotros.
Escribe
la Madre Teresa de Calcuta que Nuestra Señora nos ofrece las mejores
lecciones de humildad y de servicio a la voluntad de Dios.
Aunque estaba llena de gracia, se proclamó esclava del Señor.
Aún siendo Madre de Dios, fue a visitar a su prima Isabel para hacer las tareas del hogar.
Aunque
concebida sin mancha, se encuentra con Jesús humillado con la cruz a
cuestas camino al Calvario y permanece al pie de la cruz como una pecadora que necesita redención.
El bien supremo en nuestras vidas, debe ser cumplir la voluntad y los deseos de Dios. Es esto lo que nos hace familia de Jesús.
Desde
el día que nos comprometemos con la obra de Dios, nos toca descubrir
hermanos y hermanas, y a una madre, María. Pidamos a ella, Reina de la
familia, que siempre seamos acreedores a la gran familia de Jesús por
ser fieles a la voluntad del Padre.
