El tetrarca Herodes se enteró de todo lo que
pasaba, y estaba muy desconcertado porque algunos decían: «Es Juan, que
ha resucitado.» Otros decían: «Es Elías, que se ha aparecido», y otros:
«Es uno de los antiguos profetas que ha resucitado.» Pero Herodes decía: «A Juan lo hice decapitar. Entonces, ¿quién es este del que oigo decir semejantes cosas?» Y trataba de verlo.
Palabra del Señor.
Reflexión
La fama de Jesús crece y se extiende.
Y Herodes está perplejo.
Jesús
aparece ante sus contemporáneos, primero como profeta...un portavoz de
Dios,... alguien que comenta los acontecimientos para sacar de ellos el
sentido divino que contienen.
Herodes representa aquí el poder político, mientras que Jesús es la humildad.
Herodes tenía curiosidad por Jesús, por verlo actuar, por presenciar quizás algunos de los signos que le habían dado fama.
Y ese
pensamiento de Herodes respecto a que quien pasaba, no podía ser Juan
el Bautista, porque a él le había hecho cortar la cabeza; estaba quizás
inspirado por Dios mismo. Una de las maneras de hablar de Dios, es a
través de la “voz de nuestra conciencia”
Por eso la primera de la enseñanzas que nos deja este pasaje, es que no debemos desoír nuestra conciencia. Es la conciencia quizá el camino de salvación para mucha gente que está alejada de Dios.
Cuando tenemos cuidado de seguir nuestra conciencia, es probable que ella nos conduzca a Jesús.
Herodes
tuvo en su conciencia el arrepentimiento, y “tenía ganas de ver a
Jesús”, según dice el evangelio, sin embargo, cuando Pilato se lo envía
ya como condenado, deja pasar la ocasión de ver a Jesús.
En este pasaje también vemos el enfrentamiento entre Herodes que representaba el poder político y Jesús “el profeta”.
Herodes pregunta ¿quién es este del que oigo tales cosas?
El profeta, ¡siempre se enfrenta con el poder!.
Por
eso este pasaje del evangelio, nos deja una advertencia. El cristiano,
como profeta, debe permanentemente discernir entre lo que es de Dios y
lo que no lo es.
Como
profetas debemos siempre proyectar la luz de la Palabra de Dios y, ...la
palabra de Dios siempre impulsa al bien, a la justicia y al amor.
Todo
lo que no va en ese camino ¡no es de Dios!, y el cristiano debe
valientemente denunciar y aún enfrentarse con los poderes constituidos,
si éstos contradicen la Palabra de Dios.
No
podemos asombrarnos que el que realmente actúa como profeta esté
expuesto a ser juzgado e incluso se sospechen en él intenciones no
rectas. A veces se lo hará aparecer incluso como seguidor y propulsor de
doctrinas erróneas, para anular su acción profética.
Hoy
en día anunciar la salvación, anunciar mensajes de justicia, de
libertad, de amor y de paz, es como oponerse a los poderes del mundo, a
las ambiciones del mundo, y entonces puede ser que se nos critique, se
nos juzgue y se nos condene.
Sin embargo, debemos vivir construyendo el Reino de Dios y siendo fieles a los valores del Reino
Cuando
nos encontremos en el mundo con las dificultades, con las
persecuciones, no nos extrañemos, no es a nosotros a quien se persigue
sino al Reino que está en nosotros.