Evangelio y Comentario de hoy Viernes 03 de Octubre 2014

Día litúrgico: Viernes XXVI del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Lc 10,13-16): En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que, sentados con sayal y ceniza, se habrían convertido. Por eso, en el Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado».
Comentario: Rev. D. Jordi SOTORRA i Garriga (Sabadell, Barcelona, España)
Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha
Hoy vemos a Jesús dirigir su mirada hacia aquellas ciudades de Galilea que habían sido objeto de su preocupación y en las que Él había predicado y realizado las obras del Padre. En ningún lugar como Corazín, Betsaida y Cafarnaúm había predicado y hecho milagros. La siembra había sido abundante, pero la cosecha no fue buena. ¡Ni Jesús pudo convencerles...! ¡Qué misterio, el de la libertad humana! Podemos decir “no” a Dios... El mensaje evangélico no se impone por la fuerza, tan sólo se ofrece y yo puedo cerrarme a él; puedo aceptarlo o rechazarlo. El Señor respeta totalmente mi libertad. ¡Qué responsabilidad para mí!

Las expresiones de Jesús: «¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida!» (Lc 10,13) al acabar su misión apostólica expresan más sufrimiento que condena. La proximidad del Reino de Dios no fue para aquellas ciudades una llamada a la penitencia y al cambio. Jesús reconoce que en Sidón y en Tiro habrían aprovechado mejor toda la gracia dispensada a los galileos.

La decepción de Jesús es mayor cuando se trata de Cafarnaúm. «¿Hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás!» (Lc 10,15). Aquí Pedro tenía su casa y Jesús había hecho de esta ciudad el centro de su predicación. Una vez más vemos más un sentimiento de tristeza que una amenaza en estas palabras. Lo mismo podríamos decir de muchas ciudades y personas de nuestra época. Creen que prosperan, cuando en realidad se están hundiendo.

«Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha» (Lc 10,16). Estas palabras con las que concluye el Evangelio son una llamada a la conversión y traen esperanza. Si escuchamos la voz de Jesús aún estamos a tiempo. La conversión consiste en que el amor supere progresivamente al egoísmo en nuestra vida, lo cual es un trabajo siempre inacabado. San Máximo nos dirá: «No hay nada tan agradable y amado por Dios como el hecho de que los hombres se conviertan a Él con sincero arrepentimiento».

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Nadie puede responder por mí


Viernes de la semana 26 del tiempo ordinario
“Dijo Jesús: “¡Ay de ti, Corazaín, ay de ti Betsaida! Si en Tiro y Sido se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se hubieran convertido, vestidas de sayal y sentadas en la ceniza. Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y Sidón que a vosotras. Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza, y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado”. (Lc 10,13-16)
Una lectura para ponernos incómodos.
No todos reciben la Palabra de Dios de la misma manera.
No todos ven sus milagros de la misma manera.
Hay quien los ve sin enterarse.
Hay quien los ve sin hacerles caso.
Hay presencias de Dios de las que ni nos enteramos.
Hay presencias de Dios que nos dejan indiferentes.

Como también hay quienes:
Tienen un corazón abierto y nadie les anuncia.
Tienen un corazón disponible y no tienen posibilidades.
Tienen un corazón atento, pero no tienen quién les haga escuchar su Palabra.
Hay quienes están saturados de medios para recibir la gracia y no ven.
Hay quienes están saturados de medios de formación, de reconciliación, de participar en la Eucaristía, y no los valoran.

Por eso, Jesús es bien claro:
No todos seremos juzgados de la misma manera.
No todos podremos presentarnos delante de Dios de la misma manera.
¿Cuántos dones y posibilidades he recibido?
¿Cuántos han recibido los demás?
¿Y cuál ha sido mi respuesta?
Por eso, yo no puedo compararme con nadie, porque cada uno sabe lo que Dios ha sembrado en su corazón.
No será la misma cosecha, la del que no siembra y la del que siembra.
Ni tampoco será la misma cosecha la del que sembró en tierra estéril a la del que sembró en tierra fértil.

En realidad para Jesús se trata de actitudes del corazón.
Se trata de distintas respuestas.
Se trata de distintas fidelidades.

Por eso:
Cada uno somos personales delante de Dios.
Cada uno somos nosotros mismos delante de Dios.
Cada uno tenemos nuestro nombre y apellido delante de Dios.
Y nadie puede reemplazarnos.
Nadie puede responder por nosotros.
Nadie puede ser fiel por mí.
Nadie puede ser santo por mí.
Delante de Dios cada uno tendremos que presentar nuestro carné bautismal personal.

Quien no escucha la palabra de los que anuncian el Evangelio no escucha a Jesús.
Y quien no escucha a Jesús tampoco escucha al Padre que lo envió.
Todo el que anuncia la Palabra de Dios la anuncia en nombre de Jesús.
Todo el que anuncia la Palabra de Jesús la anuncia en nombre de Dios.

A más posibilidades, mayores responsabilidades.
A más posibilidades, mayores exigencias.
¿Conoces las tuyas?
¡Me dan miedo las mías!

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