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| Actitud de los escribas y fariseos |
Del santo Evangelio según san Lucas 7,31-35 En aquel tiempo el
Señor dijo:«¿Con quién, pues, compararé a los hombres de esta
generación? Y ¿a quién se parecen? Se parecen a los
chiquillos que están sentados en la plaza y se gritan
unos a otros diciendo: "Os hemos tocado la flauta, y
no habéis bailado, os hemos entonando endechas, y no habéis
llorado." «Porque ha venido Juan el Bautista, que no comía
pan ni bebía vino, y decís: "Demonio tiene." Ha venido
el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís:
"Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos
y pecadores." Y la Sabiduría se ha acreditado por
todos sus hijos».
Oración introductoria Espíritu Santo, te pido el don
de la sabiduría para ver y comprender la realidad de
mi vida, desde tu perspectiva. Eso me dará equilibrio a
mis juicios y bondad para apreciar los sucesos de este
día y, sobre todo, hará posible que te pueda reconocer
en este momento de oración.
Petición Señor, ayúdame a tener un
encuentro personal decisivo contigo que cambie toda mi vida.
Meditación del
Papa Francisco Jesús compara la generación de su tiempo a esos
niños siempre descontentos que no saben jugar con felicidad, que
siempre rechazan la invitación de los otros: si tocan música,
no bailan; si cantan un canto de lamento, no lloran...
nada les va bien. Esa gente no estaba abierta a
la Palabra de Dios. Su rechazo no es al mensaje,
es al mensajero. Rechazaban a Juan Bautista, que no comía
y no bebía pero decían que era un endemoniado, así
como también rechazaban a Jesús, porque era de buen comer
y un bebedor, amigo de publicanos y pecadores. Tienen siempre
un motivo para criticar al predicador. Y ellos, la gente
de aquel tiempo, preferían refugiarse en una religión más elaborada:
en los preceptos morales, como el grupo de fariseos; en
el compromiso político, como los saduceos; en la revolución social,
como los celotes; en la espiritualidad gnóstica, como los esenios.
Estaban con su sistema bien limpio, bien hecho. Pero el
predicador no. (Cf. S.S. Francisco, 13 de diciembre de 2013,
homilía en Santa Marta) .
Reflexión Es difícil librarse de la influencia
del "qué dirán" A todos nos salpica la opinión de
los otros. Todos queremos tener un lugar en el corazón
del otro. Nos gusta ser estimados y nos duele cuando
oímos algún comentario no favorable a nuestra persona. Es que
se nos ha preparado más para vivir de la exterioridad
que de la riqueza que lleva dentro de sí
toda persona; por eso andamos como veletas al vaivén de
la opinión de la gente. Sí, es difícil tener un
criterio personal, ser dueño de sí y vivir felices.
El Evangelio
es exigente y no admite componendas: hay valores que no
son conmutables por ninguna opinión; quizá por ser fiel a
ellos te toque sufrir la crítica mordaz de la gente,
pero al final lo auténtico da su talla, porque la
luz es más fuerte que las tinieblas. Señor, Jesús, que viniste
al mundo como luz, no permitas nos cieguen las tinieblas
del mal, sino que iluminados por el resplandor de
tu rostro seamos ante el mundo testigos de tu amor.
Propósito Hacer
una visita a Jesús en el Sagrario, reconociéndolo como Dios
y Señor de mi vida.
Diálogo con Cristo Señor, es triste
confirmar la tendencia de justificar mis fallas buscando que la
culpa recaiga en otros. Cuánto amor me falta cuando veo
sólo los defectos de los demás en vez de sus
cualidades. Qué insensatez perder la objetividad de los hechos al
pretender engañar a los demás. Por eso reitero mi petición,
por la intercesión de tu Madre Santísima, dame la sabiduría
para optar siempre por la verdad.
https://www.facebook.com/snfranciscoxavier.comunidadcatolica
Que no nos compliquen la vida
Miércoles de la semana 24 del tiempo ordinario
“Dijo el Señor: ¿A quién se parecen los hombres de esta generación?
Se parecen a unos niños, sentados en la plaza que gritan a otros.
“Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis”.
Vino Juan el Bautista, que comía y bebía, y dijisteis que tenía un
demonio; viene el Hijo del hombre que come y bebe y decías: “Mirad qué
comilón y qué borracho, amigo de publicanos y pecadores”. (Lc 7,31-35)
Para lo que nos conviene siempre tenemos razones.
Eso es lo que Jesús nos quiere decir con esta comparación.
Cuando no queremos escuchar la verdad, “no se oye, Padre”.
Cuando no queremos encontrarnos con alguien, “no me he dado cuenta”.
Cuando no queremos ver el sufrimiento ajeno, “la verdad que no lo sabía”.
Cuando no queremos escuchar a Dios, “estoy tan ocupado que no tengo tiempo”.
Cuando no queremos cambiar, “yo me siento bien”.
Cuando alguien nos pide un favor, “perdona pero estoy ocupado”.
Nuestra mejor salida para no escuchar a Dios que nos llama, la tenemos siempre a punto: Yo no estoy para esas cosas.
Nuestra mejor respuesta para no comprometernos a fondo con el Evangelio, “es que yo no quiero ser fundamentalista”.
Nuestra mejor respuesta cuando se nos habla del perdón, “es que llevo la herida dentro porque nos hizo mucho daño”.
Nuestra mejor respuesta cuando se nos pide que nos confesemos, “yo no creo en los curas”.
Nuestra mejor respuesta cuando se nos pide que creamos a la Iglesia, “la
Iglesia tiene mucha hipocresía, ya estás viendo los trapos que están
sacando”.
Cuando se nos pide ir a Misa, “tengo que descansar porque trabajo mucho durante la semana”.
Y a nadie debe extrañarle, Jesús se daba cuenta perfectamente de nuestras resistencias:
“Vino Juan que no comía y bebía” y dijisteis que “tenía un demonio”.
“Viene el Hijo del hombre que come y bebe” y decís “que es un comilón y un borracho”.
Es que cuando no nos interesa la verdad:
Nos escudamos en lo que sea.
Buscamos explicaciones a todo.
Tratamos de justificarnos en todo.
Lo que dice la parábola de los niños en la plaza:
“Si tocamos la flauta”, no bailáis.
“Si tocamos lamentaciones”, no lloráis.
Todo es cuestión de cuán abiertos estamos a la verdad.
De cuán abiertos estamos a la llamada de Dios.
De cuán abiertos estamos a la noticia del Evangelio.
De qué interés tenemos por cambiar.
Que queremos justificar nuestras aventuras extramatrimoniales:
La respuesta está ahí: no es más que una aventura.
Además mi esposa no responde.
Y luego todo el mundo lo hace.
Que queremos declararnos gnósticos o no creyentes:
Es que hoy la fe está pasada de moda.
Y además yo veo demasiado fundamentalismo.
Y luego ya ves cómo viven los cristianos.
Es decir:
Ni nos convence la austeridad de Juan, que tenía un demonio.
Ni nos convence Jesús, que es un “comilón y bebedor”.
Si nos hablan de austeridad mal.
Si nos hablan de una vida normal, peor.
Lo importante es que nos dejen libres y no nos compliquen la vida.
juanjauregui.es
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