Evangelio y Comentario de hoy Miercoles 06 de Agosto 2014

Autor: José Fernández de Mesa | Fuente: Catholic.net

La Transfiguración
Mateo 17, 1-9. Fiesta Transfiguración. Pidamos a Dios que realice en nosotros una "transfiguración interior" que nos permita contemplar su divinidad.

La Transfiguración
Del santo Evangelio según san Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: «Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle». Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: «Levantaos, no tengáis miedo». Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo. Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos».

Oración introductoria

Señor, creo, auténticamente estoy convencido, que hoy me invitas a compartir esa vivencia que tuvieron Pedro, Santiago y Juan en mi oración. Dame tu luz para saber apartar toda distracción y poder contemplarte, conocerte y amarte más.

Petición

Señor, que siempre escuche tu voz, en mi corazón.

Meditación del Papa Francisco

La montaña en la Biblia representa el lugar de la cercanía con Dios y del encuentro íntimo con Él; el lugar de la oración, donde estar en la presencia del Señor. Allí arriba en el monte, Jesús se muestra a los tres discípulos transfigurado, luminoso, bellíssimo ; y después aparecen Moisés y Elías, que conversan con Él. Su rostro es tan resplandeciente y sus ropas tan cándidas, que Pedro se queda estupefacto, tanto que quisiera quedarse así, casi parar ese momento. Pero enseguida resuena de lo alto la voz del Padre que proclama a Jesús su Hijo predilecto, diciendo: "Escuchadlo". Esta palabra es importante ¿eh? Nuestro Padre que ha dicho a estos apóstoles y también nos dice a nosotros ´escuchad a Jesús, porque es mi Hijo predilecto´. Tengamos esta semana esta palabra en la cabeza y en el corazón. Escuchad a Jesús. Y esto no lo dice el Papa, lo dice Dios Padre, a todos, a mí, a vosotros, a todos, a todos. […] Escuchad a Jesús, no lo olvidéis.
Es muy importante esta invitación del Padre. Nosotros, discípulos de Jesús, estamos llamados a ser personas que escuchan su voz y se toman en serio sus palabras. Para escuchar a Jesús, es necesario estar cerca de Él, seguirlo, como hacían las multitudes del Evangelio que le perseguían por las calles de Palestina» (SS Papa Francisco, 16 de marzo de 2014).

Reflexión

Jesús se aparta con tres de sus apóstoles para orar, y lo hace en un monte alto. ¿Qué sentido tiene este detalle para Él? Sin duda alguna Jesucristo escogió un lugar adecuado para ofrecer una señal de su divinidad.

Jesús, para sus apóstoles, es el maestro y el guía de sus vidas, pero es fácil comprender que con el transcurrir del tiempo y las largas horas en su compañía perdieran de vista que Jesús era también el Mesías. En el capítulo 16 de este mismo evangelio podemos leer cómo Pedro realiza su confesión de fe, y manifiesta por primera vez que Cristo es el Mesías, el enviado por Dios para redimir al mundo. Probablemente los milagros y curaciones no lograban mantener esta llama de fuego interior, que es la fe, en el corazón de los apóstoles, y Jesús quiso transfigurarse delante de ellos, es decir, mostrarse en toda su divinidad.

También nosotros podemos ser como los apóstoles. Los hechos extraordinarios o milagrosos no son suficientes para mantener viva nuestra fe. En ocasiones pueden ayudarnos, pero la realidad es que a Cristo, a Dios, se le conoce en el diálogo, es decir, en la oración. Pidamos a Dios que realice en nosotros una "transfiguración interior" que nos permita contemplar su divinidad con el fin de conocerle y amarle cada día con más intensidad.

Propósito

Dedicar 15 minutos adicionales a esta meditación para gustar más de la contemplación de Cristo en el monte de la oración.

Diálogo con Cristo

Señor, sólo Tú eres la respuesta a todos mis anhelos y aspiraciones. Concédeme saber escucharte siempre para poder discernir el bien y el mal y, con tu gracia, podré adherirme a tu voluntad. Gracias por recordarme que nunca debo temer, porque Tú siempre estás conmigo, llenando mi vida de dones que tristemente, en ocasiones, dejo pasa

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La otra cara de la realidad

La Transfiguración del Señor “En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos…” (Mt 17,1-9)
La transfiguración nos presenta otra realidad de Jesús y nuestra.
Conocemos a la gente por fuera. ¿Quién conoce al otro por dentro?
Bajo unas apariencias de vulgaridad, puede esconderse un corazón muy grande.
Bajo los harapos de un pobre, puede esconderse la grandeza de espíritu.
Bajo la triste figura de un alcohólico, puede esconderse una gran sensibilidad.
Mariola López, en su simpático librito “Mirar por otros”, comentando precisamente este texto de la transfiguración de Jesús, nos cuenta una maravillosa experiencia de su vida. La resumo así:
“Perico, como es conocido en el barrio, vive solo desde hace años. Se ha “dejado devorar la vida por el alcohol. Lo encontré descalzo por la calle y bebido; aún así, se acercó a mí con respeto, y me contó que se había quedado dormido con un cigarrillo en la boca y que se le habían quemado unas mantas, y me invito a su casa para que lo viera. Confieso que al principio sentí miedo, pero luego, agradecí el no haberme dejado paralizar por él. Me mostró su pequeña casa, desatendida desde que su madre no está, sucia y con olor a vino y a restos de comida; luego me llevó a otra estancia, y allí fue donde se hizo la luz: tenía cuatro colchones tirados por el suelo, y me contó que en ellos acoge cada noche a chicos toxicómanos que no tienen adónde ir, les deja dormir allí y que puedan ducharse y lavar su ropa”.
Las consecuencias son claras:
Detrás de un Perico alcohólico que te da miedo acercarte a él, hay algo que los ojos no descubren.
Detrás de un Perico alcohólico, viviendo en una habitación que huele a vino y a comida, hay algo que para la gente pasa desapercibido.
Detrás de un Perico alcohólico, con su vida quemada y “devorada” por el alcohol, hay un corazón que no solo piensa en la botella de vino, sino que siente lástima de quienes viven todavía más hundidos que él, y consumidos por la droga.
Detrás de un Perico a quienes todos tienen miedo y le ceden el paso para evitar cualquier agresión, se esconde una habitación con cuatro colchones para que estos drogadictos puedan dormir, ducharse y limpiar su ropa.
Hay cosas que los ojos no ven.
Hay cosas que se esconden detrás de una vida destruida.
Hay cosas muy bellas ocultas detrás de una vida que ya ha dejado de ser vida hace tiempo.
Esa es la transfiguración.
Tampoco Pedro, Santiago y Juan lograban ver en Jesús más que a un hombre como ellos.
Tampoco ellos logran ver lo que se esconde al otro lado de la humanidad de Jesús.
Hasta que un día, se rompen los velos y la luz interior aflora hacia fuera. Como una barra de luz eléctrica cuando se enciende la llave e ilumina la habitación entera que estaba a oscuras. Y donde no se veía nada ahora se ve todo.
La transfiguración de Jesús nos habla de lo que pueden ver los ojos.
Pero también de lo que puede descubrir la fe. El otro lado de las cosas.
Hay cosas que no logramos ver hasta que se enciende la luz del corazón y podemos descubrir lo que hay al otro lado de las paredes.
Es por ello que todos tratamos de cultivar tanto nuestro exterior.
Tanto maquillaje.
Tanta cirugía estética.
Tanto perfume y colonia que haga agradable nuestra presencia.
Y todo, porque todos nos quedamos con las apariencias.
Todos nos quedamos con esa imagen de exportación.
Todos nos quedamos con esas etiquetas que hagan vendible el producto.
Pero ¿quién mira al otro lado de tanto maquillaje?
¿Quién mira al otro lado de tanta cirugía estética?
¿Quién mira el corazón que late y siente allá dentro?
Un amigo mío pasaba, ya muy adelantada la media noche, al lado de unos muros altos. Y comenzó a escuchar que alguien cantaba allá dentro.
No tenía traza de discoteca. Era un convento de monjas de clausura que, mientras el mundo se divertía, ellas cantaban Maitines alabando a Dios. Le entraron ganas de saltarse el muro y ver qué era aquello. Pero era muy alto. Llegado a su casa, no podía dormir. ¿Cómo es posible que detrás de unos viejos muros alguien, a esas altas horas de la noche, esté despierto cantando a Dios?
Si supiéramos mirar con los ojos del corazón veríamos que la gente es maravillosa.
Si supiéramos mirar con los ojos de la fe verías que detrás de unas pobres apariencias se esconden muchos sentimientos de bondad, de generosidad, de fidelidad y de amor.
La transfiguración nos habla de la verdad que llevamos dentro, pero también de los nuevos ojos que necesitamos para ver.

.juanjauregui.es