Autor: Luis Felipe Nájar | Fuente: Catholic.netEl trigo y la cizaña
Mateo 13, 24-30. Tiempo Ordinario. Nosotros también somos tierra fértil donde se puede sembrar trigo y... cizaña.
El trigo y la cizaña
Del santo Evangelio según san Mateo 13, 24-30
En aquel tiempo, Jesús les propuso otra parábola diciendo: El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña. Los siervos del amo se acercaron a decirle: "Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?" Él les contestó: "Algún enemigo ha hecho esto." Le dijeron los siervos: "¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla?" Jesús le dijo: "No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo. Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo recogedlo en mi granero.
Oración introductoria
Señor, inicio mi oración pidiendo perdón por no corresponder a tu amor. Tú sabes que en mi vida hay mucha cizaña pero, gracias a tu misericordia, también hay buen trigo. Concédeme en esta oración purificar mi corazón, mis hábitos, defectos y debilidades, para ser un cristiano más auténtico y un verdadero apóstol de tu Reino.
Petición
Señor, vence con tu misericordia mi malicia y dame la gracia de amarte más cada día.
Meditación del Papa Francisco
La comunidad evangelizadora se dispone a "acompañar". Acompaña a la humanidad en todos sus procesos, por más duros y prolongados que sean. Sabe de esperas largas y de aguante apostólico. La evangelización tiene mucho de paciencia, y evita maltratar límites. Fiel al don del Señor, también sabe "fructificar".
La comunidad evangelizadora siempre está atenta a los frutos, porque el Señor la quiere fecunda. Cuida el trigo y no pierde la paz por la cizaña. El sembrador, cuando ve despuntar la cizaña en medio del trigo, no tiene reacciones quejosas ni alarmistas. Encuentra la manera de que la Palabra se encarne en una situación concreta y dé frutos de vida nueva, aunque en apariencia sean imperfectos o inacabados. El discípulo sabe dar la vida entera y jugarla hasta el martirio como testimonio de Jesucristo, pero su sueño no es llenarse de enemigos, sino que la Palabra sea acogida y manifieste su potencia liberadora y renovadora.i<> (S.S. Francisco, exhortación apostólica Evangelii gaudium, n. 24).
Reflexión
En el mundo se ven siempre dos tipos de hombre, el bueno o el malo. El campo es la tierra donde viven juntos los hombres buenos con los malos. Si vemos los campos la forma del trigo es casi la misma que la forma de la cizaña, pero están tan juntos que es peligroso arrancar una sin hacer daño a otra. La cizaña roba agua y minerales de la tierra destinados al trigo.
Es una parábola que se refiere nuestro mundo. Aquí las apariencias engañan. Nosotros también somos tierra fértil donde se puede sembrar cizaña, viene el enemigo cuando no lo esperamos, a veces sutilmente envuelto en medias verdades o para nuestro bien aparente. Sin embargo, estos dos campos diferentes, el mundo y nosotros mismos, están continuamente guardados por el Sembrador. Él quita las yerbas que crecen en nuestra tierra, nos protege como plantas débiles.
Pero podemos dejar todo el trabajo a Él, como dice san Agustín el que te creó sin ti no te salvará sin ti. Por eso debemos orar y velar para que no sembremos con una mano trigo y con la otra cizaña. Debemos dar fruto de conversión para escuchar estas palabras del sembrador: la podaré y pondré abono para que dé más fruto.
Propósito
Que todo lo que haga, lea, vea o escuche hoy, sea digno del Espíritu Santo quien quiero que viva en mí.
Diálogo con Cristo
Jesús, gracias por tu paciencia y comprensión ante mi debilidad. Dame la fuerza de tu Espíritu Santo para que sea capaz de arrancar enérgicamente toda la cizaña que disimuladamente he dejado crecer en mi vida. Me ofrezco a Ti con todo lo que soy, porque no quiero que haya nada en mí que no te pertenezca. Quiero vivir mi fe con autenticidad y con un espíritu puro y nuevo.
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La fe es un tesoro
Domingo 17 del tiempo ordinario
“Dijo Jesús a la gente: “El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder, y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo”. (Mt 13,44-46)
Nunca me han gustado esos cristianos tristes y resignados.
Nunca me han gustado esos cristianos que todo lo ven moral.
Nunca me han gustado esos cristianos que todo lo ven difícil.
Nunca me han gustado esos cristianos que nos quieren vender un cristianismo de dolorismo, austeridad, privaciones, resignaciones, de oraciones con garbanzos bajo las rodillas.
En cambio siempre me han gustado:
Esos cristianos alegres y felices.
Esos cristianos que viven cantando su fe.
Esos cristianos que ven el Evangelio como Buena Noticia.
Esos cristianos contentos que llevan música en el alma.
Esos cristianos felices de renunciar a todo porque han descubierto que el Evangelio, el Reino de los cielos es un tesoro.
Se trata de esos cristianos de los que nos habla hoy Jesús, que comienzan:
Por descubrir a Dios como un tesoro.
Por descubrir su fe como un tesoro.
Por descubrir a Jesús como un tesoro.
Por descubrir la gracia como el mejor tesoro.
Nunca olvidaré a mi amigo Don Manuel. Un día me viene feliz a la sacristía antes de la Misa y me dice gozoso: “Padre, he encontrado un verdadero tesoro”. Y me mostró el libro del P. Scheeben: “Las maravillas de la gracia”. Fue como si hubiese descubierto a Dios.
Jesús no quiere ver seguidores que le sigan lamentándose del peso de su fe.
Jesús no quiere ver seguidores que le sigan lamentándose del peso de su bautismo.
Jesús no quiere ver seguidores que le sigan como arrepentidos de haberse hecho cristianos.
Quiere cristianos:
Que han descubierto un tesoro.
Que se han encontrado con una perla preciosa.
Con algo que les ha llenado tanto, que no les importa “vender con todo lo que tienen, a condición de comprarlo”.
El problema no es lo que vendemos.
El problema es lo que encontramos.
El problema no es lo que dejamos.
El problema es lo que hemos descubierto.
Esto lo entendió Pablo, cuando en su experiencia de Jesús resucitado puede exclamar: “todo lo anterior lo considero una basura comparado con mi Señor resucitado”.
Nos han enseñado un cristianismo de “renuncias”.
Hay que enseñar un cristianismo de tesoros.
Nos han enseñado que casarse es “renunciar a otras mujeres”.
Hay que enseñar que casarse es haber descubierto una esposa que es un tesoro.
Nos han enseñado que entregarse a la Vida Consagrada implica muchas renuncias.
Hay que enseñar que consagrarse a Dios es lo más bello y hermoso de la vida.
Nos han enseñado que vivir la gracia exige muchas prohibiciones.
Hay que enseñar que la vida de la gracia es el mejor tesoro de la vida.
Solo entonces viviremos, no añorando lo que “vendimos”, sino gozando de lo que compramos.
Solo entonces viviremos, no con la nostalgia de lo que dejamos, sino con la alegría de lo que hemos logrado.
Solo entonces viviremos, no añorando la libertad de hacer lo que nos viene en ganas, sino la libertad de disfrutar de lo que somos.
Dios no puede ser una carga, sino una libertad.
Dios no puede ser pesado, sino ligero y suave.
La fe no puede ser una carga, sino la alegría de ser libres.
El cristianismo no puede ser una carga que nos dobla la espalda, sino el camino alegre de quien camina de fiesta.
La moral no puede ser una prohibición.
La moral tiene que ser una invitación a soñar hombres y mujeres nuevos.
Te doy gracias, Señor, porque me haces ver mi vocación bautismal como un tesoro.
Te doy gracias, Señor, porque me haces ver mi vocación consagrada como un tesoro.
Te doy gracias, Señor, porque me haces ver que encontrarte a ti es encontrarlo todo y tenerte a ti es tenerlo todo.
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