El grano de mostaza
Mateo 13, 31-35.
Tiempo Ordinario.
Aunque seamos como una pequeña semilla, podemos dar mucho fruto.
Del santo Evangelio según san Mateo 13, 31-35
En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas. Les dijo otra parábola: El Reino de los Cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente. Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas, y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: "Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo."
Oración introductoria
Ven, Espíritu Santo, ilumina mi meditación para que, como la semilla de mostaza, crezca y sea el fermento para que mis actividades de este día produzcan los frutos de amor que Tú tienes dispuesto.
Petición
Padre Santo, haz que tenga el anhelo de llevar a todos los hombres, mis hermanos, la Buena Nueva de tu Evangelio.
Meditación del Papa Francisco
En particular me detengo en el juicio final. ¡No tengáis miedo! Escuchemos lo que dice la Palabra de Dios. Al respecto, leemos en el evangelio de Mateo: Entonces Cristo "vendrá en su gloria, con todos sus ángeles... Y todas las gentes se reunirán delante de él, y él separará a unos de otros, como separa el pastor las ovejas de las cabras. Pondrá las ovejas a su derecha, y las cabras a su izquierda… Aquéllos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna"[...]
Si nos cerramos al amor de Jesús, somos nosotros mismos los que nos condenamos, somos condenados por nosotros mismos. La salvación es abrirnos a Jesús y él nos salva.
Y si somos pecadores, todos somos pecadores, todos lo somos, todos, y pedimos perdón, y vamos con el deseo de ser buenos, el Señor nos perdona, pero para esto debemos abrirnos, abrirnos al amor de Jesús, que es más fuerte que todas las demás cosas, el amor de Jesús es grande. El amor de Jesús es misericordioso, el amor de Jesús perdona, pero debes abrirte, y abrirse significa arrepentirse, lamentarse de las cosas que hemos hecho que no son buenas. (S.S. Francisco, 11 de diciembre de 2013)..
Reflexión
Cuando vemos que la sociedad vive cada vez más descristianizada, nos lamentamos y vemos lo poco que podemos hacer. Ese sentimiento de impotencia es natural. Sin embargo, los mecanismos del Reino de los Cielos funcionan de manera diferente. ¿Por qué? Porque el verdadero actor es Dios, y como Él es Todopoderoso puede hacer que cambie hasta lo más difícil.
Al contemplar la vida de los santos, como la de S. Francisco de Asís, vemos cómo se realiza una gran obra a través de ese "pequeño instrumento". Esto es lo que Jesús quiere decirnos: "no te preocupes si sólo eres una semilla diminuta. Siémbrate en mi Corazón y verás hasta dónde puedes".
Así lo hicieron un grupo de gente sencilla que siguió a Jesús: sus apóstoles. ¿Quién les iba a decir que después de dos mil años la Iglesia estaría presente en tantos lugares y atendería las necesidades materiales y espirituales de millones de personas? Esto se debe a que la fuerza de la Iglesia no está en lo que pueda hacer cada uno por su cuenta, sino en el poder de Dios con las personas que se entregan a fondo.
El secreto consiste en cambiar el propio corazón por el de Jesús, pareciéndonos a Él en todo lo posible. Así se transforma también nuestra familia y las personas de nuestro entorno. Y entre todos, impulsados por Cristo, podemos traer a este mundo la civilización del amor.
Propósito
Sembrar amor al escribir un correo electrónico o una nota a quien se ha alejado de Cristo.
Diálogo con Cristo
Señor, gracias por la semilla de la fe que recibí el día de mi bautismo. Quiero que ésta crezca para que pueda convertir, con tu gracia, mi vida en tierra buena, sin obstáculos ni cizaña que detengan los frutos de amor que Tú produces.
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Dios hace cosas grandes con cosas pequeñas
Lunes de la semana 17 del tiempo ordinario“El Reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta…El Reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para fermentar toda la masa”. (Mt 13,31-35)
Dios hace cosas grandes con cosas pequeñas.
Dios no comienza por lo grande sino por lo pequeño.
Dios no comienza por lo de fuera.
Dios comienza siempre por dentro.
Un grano de mostaza, casi invisible, se hace un gran arbusto.
Una pizca de levadura, fermenta toda una masa.
Dios no se fija en el volumen de las cosas.
Dios se fija en la fuerza interna de lo pequeño.
Alguien me comentaba un día: “No te preocupes de esas pastillas grandes, pero ten miedo a esas chiquitas, son pura dinamita”.
Por eso Dios tampoco se ilusiona mucho con grandes masas.
Pero se ilusiona con uno o dos que están llenos de vida, de energía espiritual.
Él mismo se vio rodeado de muchedumbres. Terminaba despidiéndolas.
En cambio consigo llevaba un grupito pequeño de Doce.
El Reino de Dios:
Está llamado a ser un granito de mostaza.
Está llamado a ser una pizca de levadura.
Pero el Reino de Dios está llamado a ser una fuerza:
Capaz de cambiar la humanidad entera.
Capaz de cambiar el mundo entero.
Capaz de fermentar la humanidad entera.
Capaz de fermentar la humanidad entera.
No es, por tanto cuestión de ¿cuántos somos?
El número, el ser “los que más” puede satisfacer nuestra vanidad.
El problema es ¿cómo somos? ¿qué vitalidad y fuerza tenemos?
Podemos ser mil millones de los llamados “bautizados”, “creyentes”.
Y no inquietar a nadie.
Y podemos ser pequeñas comunidades animadas por el Espíritu, capaces de preocupar al mundo entero.
A veces pienso en las “comunidades de Pablo”.
Estoy seguro de que eran comunidades muy pequeñas.
Hoy, muchos se sienten decepcionados, porque ven que la Iglesia va perdiendo fuerza y prestigio.
Yo la preferiría “grano de mostaza”.
Hoy, muchos se sienten preocupados, porque el mundo se va marginando de la Iglesia.
Yo la preferiría “iglesia levadura”.
Hoy, todos vivimos la angustia de la escasez de vocaciones.
Entiendo que hay demasiados campos abandonados y desatendidos.
Sin embargo, ¿será problema de número de vocaciones o no será más bien problema de “calidad de vocaciones”?
La Madre Teresa, era ya viejita, puros huesos forrados de una piel ya gastada. Y hasta ella era chiquita.
Pero la Madre Teresa:
Contagiaba por donde iba.
Despertaba inquietudes por donde pasaba.
Despertaba interés y curiosidad con su simple presencia.
La mostaza es casi invisible.
Pero se multiplica con una rapidez increíble.
La levadura se mezcla en la masa y se hace invisible.
Pero transforma toda la masa.
Estoy pensando:
El alma es invisible.
Y da vida a todo el cuerpo.
La gracia es invisible.
Y es capaz de hacer santos.
La savia se hace invisible, escondida tras la corteza.
Y hace crecer y florecer a los troncos de los árboles.
Un grano de trigo, es bien poca cosa.
Pero el tallo se hace alto y florece en una linda espiga.
Así es el Evangelio, mostaza y levadura.
Así es el Reino de Dios, mostaza y levadura.
Así tiene que ser la Iglesia, mostaza y levadura.
Así tiene que ser el cristiano, mostaza y levadura.
juanjauregui.es
