Cuando venga el Espíritu Santo
Juan 16, 12-15.
Pascua.
Cristo tiene todavía muchas cosas por decirte. Él quiere hablarte al corazón.
De santo Evangelio según san Juan 16, 12-15
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros.
Oración introductoria
Señor, creo que estás presente aquí y ahora, dispuesto a derramar tu luz en mi oración. Tengo la confianza en que me darás la gracia que necesito para crecer en el amor y poder así dar el testimonio que puede acercar a otros a querer experimentar también tu presencia. Gracias por tu amor, por tu inmensa generosidad, te ofrezco mi vida y todo mi esfuerzo.
Petición
Espíritu Santo, aumenta mi fe para que ninguna distracción me aparte del gozo de poder experimentar tu cercanía y tu amor.
Meditación del Papa Francisco
Preocupación por generar procesos que construyan la plenitud humana en vez de obtener resultados inmediatos que producen un rédito político fácil, rápido y efímero].Este criterio también es muy propio de la evangelización, que requiere tener presente el horizonte, asumir los procesos posibles y el camino largo. El Señor mismo en su vida mortal dio a entender muchas veces a sus discípulos que había cosas que no podían comprender todavía y que era necesario esperar al Espíritu Santo.
La parábola del trigo y la cizaña grafica un aspecto importante de la evangelización que consiste en mostrar cómo el enemigo puede ocupar el espacio del Reino y causar daño con la cizaña, pero es vencido por la bondad del trigo que se manifiesta con el tiempo. (S.S. Francisco, exhortación apostólica Evangelii gaudium, n. 225). .
Reflexión
Mucho tengo todavía que deciros...
Cristo tiene todavía muchas cosas por decirte. Él quiere hablarte al oído, al corazón. Quiere verte a los ojos y, con sólo su mirada, decirte que te ama. Él es el Maestro, el Señor. Y sus palabras son palabras de vida eterna, alimento para nuestras almas.
Pero quizá tampoco ahora estemos preparados para digerir lo que Cristo nos quiere decir. Quizá aún vemos demasiado con los ojos de la carne y pensamos demasiado como los hombres y no como Dios. Quizá todavía vivimos apegados a las cosas de la tierra y no hemos aprendido aún a poner nuestros ojos y nuestro corazón en los bienes del cielo. Debemos por tanto aprender a abrir nuestras almas a la luz nueva de Cristo. Una luz que ilumina nuestras vidas y la historia del mundo haciéndonos descubrir la mano amorosa y providente de Dios. Aprenderemos a ver todo desde Dios, con los ojos de Dios. Entonces seremos los golosos de Dios. Llegaremos así a saborear, degustar, paladear el plan magistral y la maravillosa acción de Dios en la historia de la salvación.
Es cuestión de ser dóciles al Espíritu Santo, al Espíritu de la verdad. Él nos llevará hasta la verdad plena. Nos anunciará lo que ha de venir. Nos enseñará a leer los signos de los tiempos, a ver la mano de Dios en todos los acontecimientos de nuestra vida ordinaria, a amar los caminos misteriosos y fascinantes por los cuales conduce al hombre y a la creación entera a la instauración total en Cristo.
Propósito
Hacer una oración de agradecimiento a Dios por el don de mi fe, preferentemente ante el Santísimo.
Diálogo con Cristo
Jesús, no dejes que la pereza o el desaliento dominen mi determinación de vivir siempre en tu presencia. Dame tu gracia y el amor que me mueva a hacer rendir todos los dones con los que has colmado mi vida.
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"Ojalá escuchéis hoy su voz"
Miércoles de la sexta semana de Pascua“Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora: cuando venga el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena” (Jn 16,12-15)
No todo está dicho.
Jesús dijo muchas cosas, pero no lo dijo todo.
Y no lo dijo todo, porque no lo podía decir.
Porque “nosotros no podemos cargar con ello por ahora”.
Porque Dios es palabra y sigue hablando cada día.
Porque el Espíritu es el que nos hace capaces de comprender la palabra.
Porque el Espíritu nos va renovando cada día y cada día hace nueva la palabra.
La Palabra de Dios no ha quedado envejeciéndose con los años.
La Palabra de Dios sigue rejuveneciéndose cada día.
La Palabra de Dios siempre es nueva en nuestros corazones.
La Palabra de Dios siempre actúa y nos ilumina en cada situación y circunstancia.
La Palabra de Dios no solo tenía algo que decir en aquel entonces.
La Palabra de Dios no solo tenía algo que decir a aquella cultura en la que vivió Jesús.
La Palabra de Dios sigue teniendo algo que decirnos también hoy.
La Palabra de Dios sigue teniendo algo que decir a la cultura y al hombre de hoy.
La cultura es diferente y necesita respuestas distintas.
Los hombres somos los mismos pero diferentes, y necesitamos respuestas distintas.
Los hombres tenemos otros problemas que no existían entonces y que también requieren una respuesta por parte de Dios.
Por eso la misión del Espíritu Santo es:
La memoria de lo que Jesús nos dijo: “él os recordará”.
La memoria del futuro: “os comunicará lo que está por venir”.
La memoria de un futuro sucesivo: “os lo irá comunicando”.
La memoria del anuncio: “y os lo anunciará”.
Y esa es la actividad del Espíritu Santo en la Iglesia.
Actualizar a Jesús, para que no quede convertido en un pasado.
Ser memoria de Jesús en la Iglesia, haciéndolo contemporáneo nuestro.
Abrirnos a las novedades de Dios en la Iglesia, porque Dios sigue actuando también hoy en ella. Por eso, tampoco la Iglesia está llamada a envejecerse sino a rejuvenecerse como afirma el mismo Concilio Vaticano II.
Capacitarnos para interpretar hoy las señales de Dios en el mundo y la Iglesia.
Como en el pasado también hoy sigue resonando aquella frase del Antiguo Testamento: “Ojala escuchéis hoy su voz”.
Por lo demás, Dios nos dijo su Palabra en Jesús, pero Dios, a través del Espíritu Santo, sigue hablando a cada bautizado, a cada creyente.
Es posible que esa palabra interior no forme parte del depósito de la revelación.
Pero cuántas transformaciones no se han dado en la Iglesia mediante la Palabra de Dios escuchada en tantas revelaciones particulares, en tantos fundadores de Órdenes y Congregaciones e Institutos de Vida Consagrada.
Nos lo recuerda Benedicto XVI en su Exhortación “La Palabra del Señor” cuando escribe: “En este sentido, el vivir siguiendo a Cristo casto, pobre y obediente, se convierte “en “exégesis” viva de la Palabra de Dios. El Espíritu Santo, en virtud del cual se ha escrito la Biblia, es el mismo que “ha iluminado con luz nueva la Palabra de Dios a los fundadores y fundadoras. De ella ha brotado cada carisma y de ella quiere ser expresión cada regla”, dando origen a itinerarios de vida cristiana marcados por la radicalidad evangélica”. (VD n.83)
Cada nueva forma de vivir el Evangelio hoy, es fruto de esa inspiración o palabra interior, fruto del don del Espíritu de la verdad.
Cada nuevo fruto de santidad es consecuencia de la actualización y vivencia y experiencia hoy del Evangelio.
Por eso mismo Jesús les dice claramente que “él, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena”. Todos somos caminantes y buscadores de la verdad que se nos va revelando cada día más hasta que lleguemos a su “plenitud”.
Juanjauregui.es
