¿Quién es para mí el Espíritu Santo?
Juan 15,26―16,4.
Pascua.
Espíritu Santo, inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar.
Del santo Evangelio según san Juan 15,26―16,4
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Cuando venga el Consolador, que yo les enviaré a ustedes de parte del Padre, el Espíritu de verdad que procede del Padre, él dará testimonio de mí y ustedes también darán testimonio, pues desde el principio han estado conmigo. Les he hablado de estas cosas para que su fe no tropiece. Los expulsarán de las sinagogas y hasta llegará un tiempo, cuando el que les dé muerte creerá dar culto a Dios. Esto lo harán, porque no nos han conocido ni al Padre ni a mí. Les he hablado de estas cosas para que, cuando llegue la hora de su cumplimiento, recuerden que ya se lo había predicho yo".
Oración introductoria
"Ven Espíritu Creador, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego...". (De un himno al Espíritu Santo).
Petición
Espíritu Santo, inspírame lo que debo pensar, lo que debo decir, lo que debo callar, lo que debo escribir, lo que debo hacer, cómo debo obrar para procurar el bien de los hombres. Amén
Meditación del Papa Francisco
La novedad nos da siempre un poco de miedo, porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos, planificamos nuestra vida, según nuestros esquemas, seguridades, gustos. Y esto nos sucede también con Dios. Con frecuencia lo seguimos, lo acogemos, pero hasta un cierto punto; nos resulta difícil abandonarnos a Él con total confianza, dejando que el Espíritu Santo anime, guíe nuestra vida, en todas las decisiones; tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, nos saque de nuestros horizontes con frecuencia limitados, cerrados, egoístas, para abrirnos a los suyos.
Pero, en toda la historia de la salvación, cuando Dios se revela, aparece su novedad - Dios ofrece siempre novedad -, trasforma y pide confianza total en Él. (S.S. Francisco, 19 de mayo de 2013)..
Reflexión
Es el Espíritu Santo quien cuida para que nuestra "fe no tropiece" y, al mismo tiempo, es el "consuelo" en nuestras caídas y dificultades. No nos tiene que resultar extraña una relación personal con el Espíritu Santo, pues es la tercera persona de Santísima Trinidad. Es Él quien nos lleva a dar un verdadero testimonio de nuestra fe, pues Él nos muestra a Cristo ("Él dará testimonio de mí") y nos lleva a testimoniarlo a todos los que están a nuestro alrededor ("y ustedes también darán testimonio").
Propósito
Para dar espacio al Espíritu Santo en mi alma, intentaré leer algún pasaje de la Sagrada Escritura o algunas páginas de un libro espiritual para nutrir mi fe.
Diálogo con Cristo
Jesús, quiero agradecerte por el don del Espíritu Santo. Tú sabes cuántas veces mi alma está cansada y agobiada de las preocupaciones y atareos de mi vida. Es en esos momentos cuando más necesito al "Consolador". Dispón mi alma para que siempre esté pronto a escucharle y a seguir lo que me pide. Amén
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Jesús quiere testigos
“Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho”. (Jn 15,26-16,4)
Jesús no es de los que pone cortina ni sordina a las exigencias del Evangelio.
No quiere seguidores engañados.
No quiere seguidores con falsos sueños.
Quiere seguidores realistas, conscientes de su misión y también de las consecuencias.
Quiere testigos
Jesús no invita ni nos llama para que simplemente seamos buenos.
Jesús nos encomienda una misión nada fácil: “ser testigos de Él”.
Y un testimonio bien exigente.
El primer testigo de Jesús es sin duda el mismo “Defensor”, “el Espíritu de la verdad”: “él dará testimonio de mí”.
Y nosotros testigos como él: “y también vosotros daréis testimonio”.
El Espíritu de la verdad es testigo de Jesús primero en nosotros mismos.
Es que nadie puede ser testigo de Jesús, si antes él mismo no ha sentido ese testimonio en su corazón.
El Espíritu es testigo en situaciones difíciles.
Jesús es claro, anticipándonos la verdad de los testigos.
Nos excomulgarán de la religión.
Corremos el peligro de que nos condenen a muerte.
Ya veis que esto no es para gente con miedo en el alma.
No es para cobardes que solo ven peligros.
No es para miedosos que prefieren las seguridades de una piedad sentimental.
Ser testigos de Jesús:
Implica estar dispuestos a todo.
Implica no medir las consecuencias.
Implica no andar con rebajas.
Pero esto no se puede lograr encerrados sobre nosotros mismos.
Necesitamos la presencia del Espíritu de la verdad en nosotros.
Porque no es fácil enfrentarse con la misma muerte.
Porque no es fácil aceptar que la misma religión nos excluya.
Porque no es fácil aceptar que quienes nos condenan y excluyen lo hagan en nombre de Dios, creyendo incluso que con ello “dan culto a Dios”, y hasta es posible que así se lo crean.
Porque no es fácil aceptar una religión que “excluye”, “excomulga”, “separa”.
Porque no es fácil aceptar que quienes nos “excluyen”, actúen en nombre de Dios.
No olvidemos que esa fue la misma suerte de Jesús:
Lo crucificaron los romanos, es cierto.
Pero antes lo juzgaron, lo condenaron y lo excluyeron los jefes religiosos.
Los romanos lo crucifican a petición de la religión y de los hombres que se dicen actuar en nombre de Dios.
No resulta nada fácil aceptar que Dios nos condene.
Tampoco resulta fácil aceptar que Dios nos excluye.
Ni que nuestra marginación se convierta nada menos que en culto a Dios.
Y sin embargo, la realidad es esa.
Porque con la religión justificamos las guerras que incluso llamamos “cruzadas” o “santas”
Porque con la religión hemos justificado muchas muertes, por más que queramos poner vaselina al pasado.
Porque con la fidelidad a la religión hemos marginado a muchos que hoy están excluidos, suspendidos, considerados como peligrosos, y que tienen que vivir bajo la lupa de la sospecha, siempre vigilados en lo que dicen, en lo que enseñan o en lo que escriben.
Sólo la fuerza del Espíritu es capaz de darnos fortaleza para seguir testimoniando nuestra fe en situaciones nada fáciles.
Por eso mismo, Jesús les aclara el panorama:
Eso se va a dar.
No os hagáis falsas ilusiones y esperanzas.
Por eso es preciso acordarnos “de lo que él, ya nos lo había dicho”.
Así que ya nada nos coja por sorpresa.
El otro escribió la novela “El amor en tiempos del cólera”.
Yo prefiero escribir con mi vida esa otra novela “El Espíritu Santo en tiempos difíciles”.
juanjauregui.es

