Sabado Santo, Sabado del silencio 19 de Abril 2014

Día litúrgico: Sábado Santo
Texto del Evangelio ( ):  
Comentario: P. Jacques PHILIPPE (Cordes sur Ciel, Francia)
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Hoy no meditamos un evangelio en particular, puesto que es un día que carece de liturgia. Pero, con María, la única que ha permanecido firme en la fe y en la esperanza después de la trágica muerte de su Hijo, nos preparamos, en el silencio y en la oración, para celebrar la fiesta de nuestra liberación en Cristo, que es el cumplimiento del Evangelio.

La coincidencia temporal de los acontecimientos entre la muerte y la resurrección del Señor y la fiesta judía anual de la Pascua, memorial de la liberación de la esclavitud de Egipto, permite comprender el sentido liberador de la cruz de Jesús, nuevo cordero pascual cuya sangre nos preserva de la muerte.

Otra coincidencia en el tiempo, menos señalada pero sin embargo muy rica en significado, es la que hay con la fiesta judía semanal del “Sabbat”. Ésta empieza el viernes por la tarde, cuando la madre de familia enciende las luces en cada casa judía, terminando el sábado por la tarde. Esto recuerda que después del trabajo de la creación, después de haber hecho el mundo de la nada, Dios descansó el séptimo día. Él ha querido que también el hombre descanse el séptimo día, en acción de gracias por la belleza de la obra del Creador, y como señal de la alianza de amor entre Dios e Israel, siendo Dios invocado en la liturgia judía del Sabbat como el esposo de Israel. El Sabbat es el día en que se invita a cada uno a acoger la paz de Dios, su “Shalom”.

De este modo, después del doloroso trabajo de la cruz, «retoque en que el hombre es forjado de nuevo» según la expresión de Catalina de Siena, Jesús entra en su descanso en el mismo momento en que se encienden las primeras luces del Sabbat: “Todo se ha cumplido” (Jn 19,3). Ahora se ha terminado la obra de la nueva creación: el hombre prisionero antaño de la nada del pecado se convierte en una nueva criatura en Cristo. Una nueva alianza entre Dios y la humanidad, que nada podrá jamás romper, acaba de ser sellada, ya que en adelante toda infidelidad puede ser lavada en la sangre y en el agua que brotan de la cruz.

La carta a los Hebreos dice: «Un descanso, el del séptimo día, queda para el pueblo de Dios» (Heb 4,9). La fe en Cristo nos da acceso a ello. Que nuestro verdadero descanso, nuestra paz profunda, no la de un solo día, sino para toda la vida, sea una total esperanza en la infinita misericordia de Dios, según la invitación del Salmo 16: «Mi carne descansará en la esperanza, pues tu no entregarás mi alma al abismo». Que con un corazón nuevo nos preparemos para celebrar en la alegría las bodas del Cordero y nos dejemos desposar plenamente por el amor de Dios manifestado en Cristo.

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SÁBADO SANTO

“En el lugar donde había sido crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo”.
(Jn 19. 41)

- Había un huerto. Un jardín.
Huerto y jardín nos hablan de creación y nos hablan de semillas, de flores y de vida.
Es la lectura que hace Juan del Calvario.
El Calvario es el nuevo huerto de la nueva creación.
Del hombre nuevo que nace de la muerte de Jesús.
El Calvario es el huerto donde se siembran las nuevas semillas que serán las flores y los frutos nuevos de la Pascua.
- En la muerte de Jesús el hombre descubre su verdadera realidad, su verdadera estatura y trascendencia.
En la muerte de Jesús Dios va a completar la obra incompleta de la Creación.
- En el Calvario, en la muerte de Jesús, hasta el sepulcro es nuevo.
No estrenado por nadie.
Porque es a partir de su muerte que también los sepulcros serán todos nuevos.
Porque en cada uno de ellos dejará de escribir su nombre la muerte para escribir el nombre de la vida.
No sé por qué el hombre sigue escribiendo en las losas de los sepulcros las famosos letras del «aquí descansa», cuando en realidad debiera escribir «aquí resucitó… aquí no está».
- Jesús estrena un sepulcro nuevo donde la muerte no tiene nada que hacer.
Un sepulcro que no ha experimentado la muerte y que por primera vez va a experimentar la vida.
Un sepulcro que no se estrena con la muerte sino que se estrena con la vida.
En él, la vida fue más que la muerte. En él, la muerte quedó vencida por la vida.
- Por eso Jesús no tiene un sepulcro propio.
Es un sepulcro prestado. Porque desde entonces, todos los sepulcros están prestados a Jesús para que en ellos venza a la muerte y anuncie la vida.
Todos los sepulcros son suyos, porque en todos, Él se revela: como el Señor de la vida.
Allí donde termina Jesús, comienza el hombre.
Allí donde Él muere, el hombre se abre a la vida.
Allí donde todo parece hablar de muerte, Dios se hace semilla de vida.

Actitud para hoy:

- ¿No hay demasiada desesperación en nuestras muertes?
- ¿No hay demasiada tragedia en nuestros entierros?
- La fe es la capacidad de ver lo que hay por detrás.
Lo que hay detrás de las cosas, las personas, y la muerte.

Autor: Juan Jáuregui