Evangelio y Comentario de hoy Miercoles 09 de Abril 2014

Día litúrgico: Miércoles V de Cuaresma

Texto del Evangelio (Jn 8,31-42): En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos que habían creído en Él: «Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres». Ellos le respondieron: «Nosotros somos descendencia de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Os haréis libres?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo. Y el esclavo no se queda en casa para siempre; mientras el hijo se queda para siempre. Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres. Ya sé que sois descendencia de Abraham; pero tratáis de matarme, porque mi Palabra no prende en vosotros. Yo hablo lo que he visto donde mi Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído donde vuestro padre».
Ellos le respondieron: «Nuestro padre es Abraham». Jesús les dice: «Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham. Pero tratáis de matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abraham. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre». Ellos le dijeron: «Nosotros no hemos nacido de la prostitución; no tenemos más padre que a Dios». Jesús les respondió: «Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais a mí, porque yo he salido y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino que Él me ha enviado».
Comentario: Pe. Givanildo dos SANTOS Ferreira (Brasilia, Brasil)
Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais a mí
Hoy, el Señor dirige duras palabras a los judíos. No a cualquier judío, sino, precisamente, a aquellos que abrazaron la fe: Jesús dijo «a los judíos que habían creído en Él» (Jn 8,31). Sin duda, este diálogo de Jesús refleja el inicio de aquellas dificultades causadas por los cristianos judaizantes en la primera hora de la Iglesia.

Como eran descendientes de Abraham según la consanguineidad, esos tales discípulos de Jesús se consideraban superiores no solamente de los gentíos que vivían lejos de la fe, sino también superiores a cualquier discípulo no judío partícipe de la misma fe. Ellos decían: «Nosotros somos descendencia de Abraham» (Jn 8,33); «nuestro padre es Abraham» (v. 39); «solo tenemos un padre, Dios» (v. 41). A pesar de ser discípulos de Jesús, tenemos la impresión de que Jesús nada representaba para ellos, nada acrecentaba al que ya poseían. Pero es ahí donde se encuentra el gran error de todos ellos: los verdaderos hijos no son los descendientes según la consanguineidad, sino los herederos de la promesa, o sea, aquellos que creen (cf. Rom 9,6-8). Sin la fe en Jesús no es posible que alguien alcance la promesa de Abraham. Por tanto, entre los discípulos «no hay judíos o griego; no hay esclavo o libre; no hay hombre o mujer», porque todos son hermanos por el bautismo (cf. Gal 3,27-28).

No nos dejemos seducir por orgullo espiritual. Los judaizantes se consideraban superiores a los otros cristianos. No es necesario hablar, aquí, de los hermanos separados. Pero pensemos en nosotros mismos. ¡Cuántas veces algunos católicos se consideran mejores que los otros católicos porque siguen este o aquel movimiento, porque observan esta o aquella disciplina, porque obedecen a este o a aquel uso litúrgico! Unos, porque son ricos; otros, porque estudiaron más. Unos, porque ocupan cargos importantes; otros, porque vienen de familias nobles... «Quisiera que cada uno de vosotros sintiera la alegría de ser cristiano… Dios guía a su Iglesia, la sostiene siempre, también y sobre todo en los momentos difíciles» (Benedicto XVI).


Oración
Señor Dios nuestro:
Tú nos llamas a ser libres.
Ayúdanos a darte siempre
una respuesta de libertad.
Ya que la palabra salvadora
y la muerte liberadora de Cristo
nos han hecho libres,
que nunca de nuevo
nos atemos con cadenas
fabricadas por nosotros mismos,
cadenas de pecado egoísta
y de falsos apegos mundanos.
Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

Intenciones
-    Por los que son perseguidos por su fe, para que se mantengan firmes, aun en medio de la tortura y del martirio, roguemos al Señor.
-    Por todos los que nos confesamos descendientes de Abrahán: judíos, cristianos y musulmanes, para que cada uno de nosotros, a nuestra manera, tengamos profunda confianza en Dios, roguemos al Señor.
-    Por las personas que tienen que tomar decisiones difíciles en la vida, para que sigan su conciencia  intentando siempre  hacer con honestidad lo que es verdadero, bueno y justo, roguemos al Señor.

Hermanos: Que el Señor les dé a ustedes la gracia de seguir creyendo en la verdad del evangelio, para que esa misma verdad les haga personas siempre libres y alegres. ---  Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, descienda sobre todos  y permanezca para siempre.


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La libertad


Miércoles de la Quinta Semana de Cuaresma
“Si os mantenéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Le replicaron: “Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Seréis libres?” (Jn 8,31-42)
Todos queremos ser libres.
Uno de los mayores avances en la psicología y filosofía modernas ha sido, sin duda, el descubrimiento de la libertad humana.
La libertad se ha convertido en todos nosotros en una especie de obsesión.
Hasta pudiéramos decir que hemos caído en la esclavitud de la libertad.

El gran regalo de Dios al hombre es, sin duda alguna, el ser libre.
Y la gran misión de Jesús es hacernos libres.
Escuchar su palabra nos hace libres.
El cumplir su palabra nos da el conocimiento de la libertad.
Los títulos no nos hacen libres.
La herencia de pertenecer al linaje de Abrahán no nos hace libres.
Solo la palabra de Jesús es capaz de hacernos libres.
Solo la fidelidad a la palabra de Jesús nos hace libres.

Los judíos sea creían libres por obedecer a la ley.
Se creían libres por descender de Abrahán.

Muchos de nosotros nos creemos libres porque hablamos mucho de libertad.
Muchos de nosotros nos creemos libres por hacer lo que nos viene en ganas.
Muchos de nosotros nos creemos libres porque nadie nos manda.
Muchos de nosotros nos creemos libres porque no hacemos caso a nadie.
La libertad es algo que tiene que nacer desde dentro.
La libertad es algo más que ser independientes de los otros.
La libertad es mucho más que decir “no” a lo que está mandado.
La libertad es una actitud interna que nos libera de nuestras propias dependencias.
La libertad no depende tanto de nuestras relaciones con los otros cuanto de nuestra relación con nosotros mismos.

Es posible que a nosotros nos suceda lo mismo que a los judíos.
No necesitaban la libertad que les ofrecía Jesús.
No necesitaban la libertad que provenía de su palabra.
No necesitaban la libertad que brotaba de ser discípulos de Jesús.

Ellos no se sentían esclavos.
Como tampoco nosotros nos sentimos esclavos.
Su libertad era fruto de pertenecer al linaje de Abrahán.
“Y sin embargo tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios”.
Nosotros nos sentimos libres por no depender de nadie.
Para Jesús, quien vive en pecado es esclavo del pecado.
Igual que ellos, nosotros queremos ser libres:
Sin Dios.
Al margen de Dios.
Tampoco nosotros entendemos la libertad en dependencia de Dios.

Una de las razones de “la muerte de Dios”, en la filosofía moderna y contemporánea, ha sido y sigue siendo Dios el problema de la libertad. Es preciso eliminar de nuestras vidas a Dios, porque solo así seremos libres y nuestra conducta no dependerá de nadie, sino de nuestros caprichos y nuestros intereses.
Para Jesús, los judíos se creían libres y eran esclavos y rechazaban la libertad que él les ofrecía. La libertad en la verdad.
¿Seremos nosotros hoy más libres que ellos?
Es fácil confundir libertad con engaño.
Es fácil confundir libertad con mentira.
Es fácil confundir libertad con pecado.
Sólo seremos libres en la verdad.
Y sólo viviremos en la verdad, viviendo de su palabra.
Hay libertades que son esclavitudes.
La verdadera libertad está en el corazón que vive en la verdad.
La verdadera libertad está en ser “hijos”, no de Abrahán, sino en ser “hijos de Dios”.
Jesús es el hombre libre por excelencia. Y es el que “salió de Dios” y “no ha venido por su cuenta sino que él me envió”. Es la libertad en la dependencia de Dios.
Hay independencias que son esclavitudes.
Y hay dependencias que son libertades.
¿Somos realmente libres? ¿Dónde radica nuestra libertad?

Pensamiento: Soy tanto más libre cuanto más abierto vivo hacia Dios.
Puedes visitar mi página web: www.juanjauregui.es