ECTURAS DEL DOMINGO XIV DEL T. ORDINARIO 9 DE JULIO (VERDE)
Mi yugo es suave y mi carga, ligera.
ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Sal 47, 10-11
Meditamos,
Señor, los dones de tu amor, en medio de tu templo. Tu alabanza llega
hasta los confines de la tierra como tu fama. Tu diestra está llena de
justicia.
ORACIÓN COLECTA
Señor
Dios, que por medio de la humillación de tu Hijo reconstruiste el mundo
derrumbado, concede a tus fieles una santa alegría para que, a quienes
rescataste de la esclavitud del pecado, nos hagas disfrutar del gozo que
no tiene fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina
contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los
siglos.
LITURGIA DE LA PALABRA
Mira a tu rey que viene humilde hacia ti.
Del libro del profeta Zacarías: 9, 9-10
Esto
dice el Señor: "Alégrate sobremanera, hija de Sión; da gritos de
júbilo, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti, justo y
victorioso, humilde y montado en un burrito.
Él
hará desaparecer de la tierra de Efraín los carros de guerra, y de
Jerusalén, los caballos de combate. Romperá el arco del guerrero y
anunciará la paz a las naciones. Su poder se extenderá de mar a mar y
desde el gran río hasta los últimos rincones de la tierra".
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Del salmo 144
Dios
y rey mío, yo te alabaré, bendeciré tu nombre siempre y para siempre.
Un día tras otro bendeciré tu nombre, y no cesará mi boca de alabarte.
R/.
El
Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso
para perdonar. Bueno es el Señor para con todos y su amor se extiende a
todas sus creaturas. R/.
El
Señor es siempre fiel a sus palabras, y lleno de bondad en sus
acciones. Da su apoyo el Señor al que tropieza y al agobiado alivia. R/.
Que
te alaben, Señor, todas tus obras, y que todos tus fieles te bendigan.
Que proclamen la gloria de tu reino y den a conocer tus maravillas. R/.
Si con la ayuda del Espíritu dan muerte a los bajos deseos del cuerpo, vivirán.
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 8, 9. 11-13
Hermanos:
Ustedes no viven conforme al desorden egoísta del hombre, sino conforme
al Espíritu, puesto que el Espíritu de Dios habita verdaderamente en
ustedes. Quien no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Si el
Espíritu del Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos, habita en
ustedes, entonces el Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos,
también les dará vida a sus cuerpos mortales, por obra de su Espíritu,
que habita en ustedes.
Por
lo tanto, hermanos, no estamos sujetos al desorden egoísta del hombre,
para hacer de ese desorden nuestra regla de conducta. Pues si ustedes
viven de ese modo, ciertamente serán destruidos. Por el contrario, si
con la ayuda del Espíritu destruyen sus malas acciones, entonces
vivirán.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
ACLAMACIÓN Cfr. Mt 11, 25
R/. Aleluya, aleluya.
Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla. R/.
Soy manso y humilde de corazón.
Del santo Evangelio según san Mateo: 11, 25-30
En
aquel tiempo, Jesús exclamó: "¡Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de
la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y
las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha
parecido bien.
El
Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino
el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo
se lo quiera revelar.
Vengan
a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga y yo les
daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso
y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y
mi carga, ligera".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice Credo.
PLEGARIA UNIVERSAL
Como pueblo de Dios, presentémosle al Padre nuestras plegarias. Después de cada petición diremos: Escúchanos, Padre.
Por el Papa Francisco, por nuestro obispo N., y por todos aquellos a los que se ha confiado el gobierno de la Iglesia. Oremos.
Por la paz en el mundo, que procede de Dios, origen de toda concordia. Oremos.
Por
los que viven en pecado, que acepten la gracia de la conversión, hagan
penitencia y, purificados en el sacramento del perdón, alcancen la
salvación eterna. Oremos.
Por
los niños y jóvenes que inician las vacaciones y participan en las
actividades de verano que organizan las parroquias y los grupos de
Iglesia. Oremos.
Por nosotros y por todas aquellas personas que hoy queremos recordar delante de Dios. Oremos.
Escucha, Señor, nuestras plegarias y danos un corazón sencillo para poder así conocerte y amarte. Por nuestro Señor Jesucristo.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
La
oblación que te ofrecemos, Señor, nos purifique, y nos haga participar,
de día en día, de la vida del reino glorioso. Por Jesucristo, nuestro
Señor.
Prefacio para los domingos del Tiempo Ordinario.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Sal 33, 9
Prueben y vean qué bueno es el Señor; dichoso quien se acoge a Él.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor,
que nos has colmado con tantas gracias, concédenos alcanzar los dones
de la salvación y que nunca dejemos de alabarte. Por Jesucristo, nuestro
Señor.
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Nuestro mundo muestra una fachada pero la realidad es muy otra.
La
publicidad en la televisión nos enseña lo que socialmente está de
moda.
Oficialmente, hoy todos estamos bien, nos sentimos felices,
sonreímos
continuamente, vivimos en casas bonitas, etc, etc. Pero
eso no es más
que una fachada, una apariencia que no logra tapar la
realidad. Hubo un
país tercermundista que, ante la llegada de una
serie de jefes de estado
de otras naciones para una reunión
internacional, decidió poner unas
vallas en la autopista que iba del
aeropuerto a la ciudad para que no se
pudiesen ver las chabolas y
las casas de los pobres que se acumulaban a
ambos lados de la
autopista. Además, no contentos con poner las vallas,
dieron
oportunidad a una serie de artistas locales para cubrir las
vallas con
murales que representasen lo maravillosa que era la vida en
aquel
país. Estoy seguro de que muchos de los visitantes de aquellos
días
pensarían que aquellas vallas se habían puesto, como en los países
ricos, con el fin de evitar la contaminación acústica que produce
una
autopista y que dieron por supuesto que al otro lado de las
vallas había
hermosas casas rodeadas de jardines más hermosos
todavía. ¡Nada que ver
con la realidad!
Lo mismo que pasaba en aquel país se puede decir de nuestra realidad
personal, familiar o social. Presentamos una hermosa fachada, cubrimos
las apariencias, pero detrás y debajo se esconde la verdad de nuestra
vida, que a veces es muy diferente, negra, oscura e infeliz. Hoy Jesús
nos invita en primer lugar a abrir los ojos a nuestra realidad, a no
negar lo que no nos gusta de ella, a asumir que hay partes de nuestra
vida que no son brillantes, ni están llenas de luz ni nos hacen sentir
felices. Y luego nos invita a todos a acogernos a su compasión y su
misericordia. Los que nos sentimos cansados, los que no terminamos de
encontrar sentido a este mundo tan hipócrita y violento, los que,
confusos, vemos que nos quedamos cortos de esperanza y largos de
tristeza, todos estamos invitados a acercarnos a Jesús. Porque su “yugo
es llevadero” y su “carga, ligera”. Ése es el Evangelio que se ha
revelado a la gente sencilla, a los que son capaces de abrir su corazón,
y reconocer que, al final, dependemos de él, de Dios, porque sólo de él
nos puede llegar la verdadera paz, el auténtico consuelo, el seguro
descanso.Si los bajos instintos, de que habla Pablo en la segunda lectura, nos invitan a vivir ocultos en la oscuridad, el Espíritu nos invita a situarnos bajo la luz, acogedora y cálida, de Dios que, aceptando nuestra realidad, nos promete la vida y la esperanza. Sólo aceptándonos como somos en la presencia de Dios, conoceremos la verdadera felicidad y conseguiremos la vida.
Ciudad Redonda




